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La sublime elegancia flamenca de María Toledo convence a Madrid

Eran las ocho y media de la tarde del sábado 11 de febrero. Más de mil privilegiados ocupaban sus asientos en el madrileño Circo Price, concepto de escenario que en tiempos anteriores en su antígua ubicación en la Plaza del Rey fue testigo de la consagración y puerta grande en Madrid de parte importante de la historia del flamenco...

Comienza a sonar el violín mientras una elegante dama pasea con un espectacular vestido diseñado por Vicky Martín Berrocal hasta situarse frente a su público, cante por soleá que se fue moviendo poco a poco hacia su piano. Instrumento fundamental, teclas blancas y negras a compás de tangos, voz destacando por Granada, con asuntos de guitarra flamenca que solamente Jesús de Rosario y muy pocos más son capaces de hacer así, antes de llegar al momento más mítico del concierto...

La petenera, ese cante con mala fama. Va a ser que más allá de supersticiones y leyendas, el auténtico y real problema de la petenera reside realmente en la dificultad de su interpretación. Claro, hay que estudiárselo muy bien, es más cómodo adjudicarle miedos y cantar lo de siempre. Un cante por petenera que sonó increíble en la voz de María Toledo, con esencia a Pastora Pavón, y una particularidad especial. Absolutamente nadie, hasta ese mismo momento, había cantado una petenera de esa manera, tocando a la vez su propio piano. Lógicas las ovaciones del público que practicamente llenaba el Circo Price.

La casa Pavón seguiría haciéndose notar por seguiriyas, seguro que Don Tomás y Don Arturo se emocionaron en el rincón del tiempo eterno donde habiten con esa versión del Reniego. El asunto iba claramente de evolución del flamenco con sentido e inteligencia, el desarrollo hacia el futuro teniendo en cuenta lo mejor del pasado.

El contrabajo de Yelsi Heredia a dúo con la percusión de Lucky Losada, impresionante prólogo para unas cantiñas gaditanas con arte. Difícil tocar mejor el contrabajo con aire gaditano que como lo hace el cubano. Cante de manchega que parecía sacada de pasar toda la vida en calles viñeras gaditanas. Y de repente Moreira.

Aquel que fue una sorpresa inolvidable en los conciertos de El Barrio cuando llegó a España hace una década, dejando en Venezuela el prestigio de ser uno de los músicos más respetables e importantes de todo un país, para iniciar una nueva vida flamenca desde cero. Después de muchos asuntos interesantes, David Moreira ha estabilizado su lugar perfecto junto a María Toledo, solamente hay un ser humano en el mundo que pueda acompañar como él con violín una balada con esencia de fandango. Único e irrepetible desde el momento solista de introducción hasta la sonora ovación del público al finalizar el tema. Con El Tiempo, María voz y piano, Moreira al violín. ¿Se puede repartir más elegancia y musical glamour desde un escenario? Es difícil, muy difícil, solamente faltaba en concepto y se echaba de menos al Tío Jesús Pingüi tocando cualquier cosa para terminar de morir con todo.

María, aquella que no anuncia que cantará una bulería en honor a Moraíto por cumplir, sino que después de decirlo también lo canta en sus letras. Como también recordó a otros grandes como San Enrique Morente que en gloria esté, el histórico Caracol, o Paquera reina de la Plazuela. Primero con toda la banda para despedirse. Después de los minutos de ovaciones y aplausos, petición de bises, y gritos de guapa, más bulerías sin micrófonos. La voz de María Toledo y la guitarra de Jesús de Rosario a corazón abierto. Así terminó un concierto que ya forma parte interesante de la historia del flamenco. Muy pronto lo veremos por Youtube las veces que sea necesario, es decir, siempre.

Texto: @JaciGonzalez
Fotos: Paco Manzano / @circoprice

 

P.D.: De justicia y lógica es añadir que la noche en el Price también tuvo otro protagonista, y no cualquiera. Don Francisco José Ramos, Arcángel, actuó a continuación. Demostrando por qué es uno de los más grandes del flamenco actual, impresionante desde el inicio magistral por malagueñas de Chacón hasta la locura que provocaron en el público los fandangos finales. Pasando por soleá de Charamusco, seguiriyas para enmarcar, bulerías... Con unos músicos que demostraron una vez más ser de primera: Miguel Ángel Cortés y Dani de Morón a las sonantas, Antonio Coronel a las percusiones. Viva el onubense.

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