Fallece Diego de Morón, guitarrista flamenco esencial de la difícil sencillez
- Publicado en Noticias
Fallece Diego de Morón, creador de un concepto personal de guitarra flamenca que ya es legado irrepetible.
Diego Torres Amaya, conocido como Diego de Morón, falleció el domingo 31 de agosto a los 78 años de edad, dejando tras de sí un legado que trasciende discos, escenarios y homenajes. Un músico que encarnó una perspectiva desde la que el flamenco se podría entender desde la intimidad, la autonomía creativa y la fidelidad a un modo de vida. Nacido en Morón de la Frontera en 1947, hijo del cantaor Joselero de Morón y sobrino del mítico Diego del Gastor, heredó un linaje artístico que se convirtió en escuela y bandera: el llamado toque de Morón, una forma de entender la guitarra de gran sentido rítmico contrastando con la sobriedad, para llegar al mágico concepto de pintar todos los colores del universo con solo un poquito de cal.
Su guitarra nunca fue hacia el brillo técnico ni hacia los grandes auditorios. Su estilo se definía por la economía de recursos y la intensidad emocional. Esa opción estética lo alejó del camino marcado por la espectacularidad que en paralelo se imponía en la guitarra flamenca, y lo situó en un espacio propio, admirado con discreción por músicos, investigadores y aficionados que valoraban sus conceptos. Tampoco fue realmente discípulo de su mítico tío Diego del Gastor. El sonido de su sonanta estaba emparentado con aquel concepto, y de ahí viene, pero al mismo tiempo caminaba por su propio lado. Quizás demasiado underground para quienes presumen de modernos, y a la vez demasiado ajeno al mundillo de los flamencuñaos neomairenistas, que buscan hacerse fotos con los cabeza de cartel de los festivales flamencos.
Porque Diego de Morón fue guitarrista de guitarristas, su desaparición simboliza también el ocaso de una estética que apostaba por la autonomía tan circunstancial como conceptual frente a las corrientes dominantes. En un tiempo en que el flamenco se internacionaliza y se transforma en espectáculo global, su concepto define que el flamenco se puede y debe concebir también como extensión de memoria colectiva, en un territorio que hizo de la sobriedad una seña de identidad. Un lugar, Morón, que no es pueblo de paso, hay que ir adrede, como dijo Fernando González Caballos en sus investigaciones antropológicas sobre los sonidos de las sonantas moroneras, siendo también quien consiguió mover a Diego de Morón en diferentes escenarios.
Quedan aún posibles sorpresas futuras, como sus últimas grabaciones todavía inéditas con Rosalía, la artista que ha conseguido ser cabeza de cartel de Coachella cantando por bulerías. Más allá de esas posibles sorpresas, sus grabaciones anteriores y sus momentos únicos confirman que el legado de Diego de Morón, más que en discos o en cifras, permanece en la memoria de quienes sintieron en el aire de su toque la irrepetible esencia de lo verdadero.