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Años cuarenta, Nueva York. Entre los rascacielos triunfan Pilar López y su hermana mayor Encarnación López “La Argentinita”, Metropolitan Opera House. Llegaron a América intentando tranquilizar el llanto por Ignacio Sánchez Mejías, el catalizador de toda una generación artística, eterno amor de Encarnación que no pudo ser testigo de estos momentos triunfales, decorados de Salvador Dalí incluidos en “El Café de Chinitas”. Tampoco pudo verlo Joselito “El Gallo”, o Federico García Lorca, aquel que aparecía por la casa madrileña de las hermanas para tocar el piano, y de esta forma terminar grabando un mítico disco de canciones populares con La Argentinita.
Mientras tanto, aunque un poco a la sombra de la gran estrella que fue Encarnación, la menos popular de las hermanas establecía el futuro de la danza en España. Sus niños: Antonio Gades, El Güito, Mario Maya, Farruco, Alejandro Vega... Un cartel de lujo para la historia del flamenco y el baile español, referencia ineludible en estos tiempos actuales en los que por desgracia a veces se abunda más en pies que en cabeza, por las prisas.
Como entrar al escenario, elegir un vestuario, establecer miradas que conecten con el público, dibujar momentos coreográficos, esperar el momento, la genialidad y el trabajo, es tanto lo que se debe a la maestra...
Una mujer que debutó en “Las calles de Cádiz”, coreografías de La Argentinita, música de Falla y Lorca, La Malena y La Macarrona al baile, alguien que así empieza debe llegar lejos. Toda la profesión, la danza española a partir de ella, la adora con unanimidad. Defensora de la evolución y nuevas tendencias, siempre que las novedades tuvieran fundamento y al menos igualaran en calidad a lo establecido hasta el momento.
Ética y estética, Pilar López, un nombre para la historia.
Texto de Jacinto González (jaci@aireflamenco.com)
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