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Mario Cortés, una historia de talento y tesón.
12.07.06 Casi por casualidad, Mario Cortés, se ha convertido en uno de los mejores constructores de cajones flamencos del mundo. Pero esa casualidad viene de la mano de un trabajo de investigación, de una tenacidad y de una pasión por el Flamenco constantes. Esta es su historia...







Realizado por Juan Manuel Fernández

Su trayectoria musical comienza unido a la guitarra: cuñado de Gerardo Núñez, de quien es guitarra acompañante. Y muy buen guitarrista, por cierto. Un día en un ensayo junto a Rubem Dantas y el fallecido José Antonio Galicia se le ocurrió decirles que si no les daba vergüenza tocar unas cajas que sólo sonaban a cajas de pescado. De vuelta a su casa, se topó con un contenedor de escombros en el que habían tirado un enorme tablón de madera aglomerada. Lo cogió y se lo llevó a casa, sin saber bien por qué, pero con una idea fija: hacer un cajón flamenco de él.

"Compré una sierra de mano (que no tenía), lo corté e hice un cajón -nos comenta-. Yo he sido, soy y seguiré siendo un autodidacta; ni siquiera cuando tocaba la guitarra le copié una falseta a nadie. Por ello, yo no copié el cajón de nadie cuando hice ese primero, ni tomé medidas de ninguno de los que existían y lo hice a mi medida y tal y como yo imaginaba que era, tanto por dentro, como por fuera. Y lo terminé. Que, por cierto, me costó muchísimo hacer el agujero de atrás porque no tenía más que la sierra que me compré y me salió más cuadrado que redondo; era desastroso. Le puse tornillos y puntillas que eso parecía una ferretería. La tapa la hice con un contrachapado de 4 milímetros, sin tener ni idea de dónde poner los tornillos ni nada. Total, conseguí terminar el cajón y lo pinté como unas quince veces de negro para tapar los defectos, que tenía un montón. Yo me sentaba bien en él porque era alto pero, cuando otros se sentaban, les colgaban las piernas; aquello parecía más una nevera que un cajón".

Con el cajón bajo el brazo (y, realmente, con ganas de gastar una broma), se presentó al ensayo. Las risas por su tamaño fueron generales pero, cuando Rubem se sentó en él y lo tocó le dijo: "Te lo cambio a pelo por el mío porque no he oído nada igual en mi vida". Aquello le sonó a Mario a guasa pero él insistía que hablaba en serio, que el cajón sonaba de maravilla y que le daría por él lo que pidiera. El cajón acabó en casa de Mario sirviendo de base para una maceta.

Pero la voz corrió por todo Madrid y no paraban de llamarle percusionistas pidiéndole que les hiciera un cajón estando dispuestos, incluso, a pagarle por adelantado lo que les pidiera. Cuando dejó de pensar que era todo una broma, compró unas maderas más finas e hizo un cajón ya más pequeño, con el agujero más redondo, yéndose a lijarlo a mano al Retiro y a la Casa de Campo ya que, si lo hacía en su pequeño balcón, llenaba la casa de polvo. Pagaron por él lo que pidió y, así, comenzó todo.

"Me entró el gusanillo de los cajones y terminé cogiendo un localillo con patio en Lavapiés para dedicarme a fabricarlos. Pedí prestado, empecé a probar maderas, ni siquiera sabía que existían las lijadoras automáticas. En una de esas visitas que hacía a un almacén de madera me ofrecieron una pieza maciza de abedul finlandés. Fue mi salvación: era muy blanco, precioso y, por supuesto, no sabía si iba a sonar o no. No sabía nada de cajones y no podía aplicar lo que sabía de guitarras para su construcción. Así que seguía probando y probando sin fijarme en nada ni en nadie; sacando todo de mi propia experiencia".

A partir de ese descubrimiento, la fabricación y la demanda fueron muy grandes y empezaron a surgir otros fabricantes en España. Muchos de ellos se han limitado a copiar sus cajones, sin más; "No soy ebanista, sí músico -dice- y hay que ser músico para conseguir que el cajón suene como debe de sonar". Ahora, avalado por los mejores percusionistas del mundo (el mejor de ellos Giovanni Hidalgo), siendo el proveedor exclusivo de cajones flamencos de 'LATIN PERCUSSION' (los mayores y mejores vendedores de instrumentos de percusión de Norteamérica), sus cajones pueden adquirirse en Japón, todo el continente americano, siete países europeos, 'MADRID MUSICAL' (su distribuidor en España), coloca sus cajones en el 80% de las tiendas españolas de instrumentos musicales y su catálogo incluye 17 modelos.

"Te puedo asegurar que no hay ningún cajón que suene -tanto en graves, medios y agudos- como suenan los míos. Ni siquiera es necesario agacharse para que un grave o un medio suenen como deben de sonar en cualquier lugar de la tapa del cajón donde golpees. Yo sólo busco la calidad del sonido del cajón".

Ahora, después de investigar cuatro meses, encerrado en su taller, probando maderas y diseños, ha conseguido crear un nuevo sistema interior para la fabricación de cinco modelos nuevos de cajones que presentará en cuanto termine el proceso de patente de su fabricación. Serán dos modelos "Black & White" y tres modelos "Arcoiris". Las innovaciones que presentarán, sus diseños y la calidad de su sonido los colocarán en los mejores cajones que se han construido.

"Se puede hablar de un antes y un después en el Flamenco con la aparición del cajón
-asegura-; pero hay que tener mucho cuidado con el después. El cajón es un instrumento de acompañamiento; el que quiera lucirse y hacerse solista, por supuesto que puede hacerlo, porque con un cajón se pueden hacer auténticas maravillas. Pero el cajón no es un instrumento para ser aporreado cuando se acompañe. Ha de sonar bajito por detrás que es, además, como suena realmente bonito; el instrumentista de cajón, cuando acompañe, ha de gustar y gustarse, ha de acompañar a la guitarra o al baile, pero sin taparles, sin permitir que luzcan todos como deben hacerlo. Cuando sea para exhibición, que así sea pero, cuando sea para acompañar, que no se haga igual".







 
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