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Lo de Rosalía contado hace un siglo por Antonio Chacón

Lo de Rosalía contado hace un siglo por Antonio Chacón

Antonio Chacón dijo cosas a Manuel Vallejo en agosto de 1925, con un mensaje muy claro y obvio.

Fue en 1925 cuando el rey Alfonso XIII inauguró el Teatro Pavón de Madrid, que fue mandado construir por Francisca Pavón muy cerca de la Plaza de Cascorro. Tres años antes, había sucedido en Granada el Concurso de Cante Jondo, que tuvo bastante relevancia, así que hubo la iniciativa de organizar en Madrid un evento similar, derivando en la Copa Pavón. En su primera edición, siendo la final la noche del 24 de agosto de 1925, el ganador del premio fue Manuel Vallejo. Él, Manuel Vallejo, es uno de los mejores intérpretes de la historia del flamenco, además muy largo, es decir, cantaba de manera impresionante todo tipo de estilos muy diversos, desde la seguiriya a la bulería. pasando por ese cante por media granaína y granaína que, grabado en su voz, vive constantemente en la cabeza de muchos. Es decir, Vallejo incluso llegó a mejorar cantes que, muchos de ellos, se había inventado o reinventado Antonio Chacón.

Antonio Chacón es quizás uno de los cinco seres humanos más relevantes de la historia del flamenco. Su tiempo coincidió con los momentos en los que comenzaba a ser posible la grabación de registros sonoros para un uso comercial, así que él fue un gran catalogador, a la vez que inventor y reinventor de conceptos flamencos. Hace una función en cierto modo similar a la de Silverio, pero con la gran diferencia de tener unas posibilidades tecnológicas que no pudo tener Franconetti. Entonces, Chacón inventó y reinventó conceptos flamencos, no fue el único en el primer cuarto del siglo veinte, pero sí el más destacable. Entre todo aquello, Chacón hizo cosas como coger el fandango de Granada que hacía muy bien Frasquito Yerbabuena, reinventarlo a su manera, surgiendo la granaína, y crear un cante para interpretarse previamente, que se denominó media granaína. Es decir, la media granaína y la granaína. Que en realidad la media granaína es el cante previo, y la granaína que viene del fandango de Granada es el segundo cante, la granaína. Pero como resultaba más sencillo decir "granaína y media" que "media granaína y granaína", al final fueron muchos los que invirtieron la denominación de esos cantes. Eso sucedió sobre todo a partir de que Manuel Vallejo grabara su espectacular versión de ese invento de Chacón.

Ya están explicados los antecedentes, así que volvemos a aquel agosto de 1925. Copa Pavón cuyo jurado presidía Antonio Chacón. Había un cantaor que se rumoreaba como favorito, Escacena, también había opciones para el vallecano Angelillo, o el siempre muy original El Mochuelo. Pero la cosa estaba principalmente entre Pepe Marchena y Manuel Vallejo, que terminó siendo el ganador.

"Te he dado la Copa Pavón porque la mereces, pero La Vieja ganará más dinero que tú", es lo que cuentan las crónicas de la época que dijo Antonio Chacón a Vallejo, comparando su circunstancia con la de Pepe Marchena, a quien denominaban La Vieja, mote que tuvo desde niño por su gran inteligencia. Lo que dijo Antonio Chacón a Manuel Vallejo es como decir que canta muy bonito, que todo el que lo escucha se da cuenta, pero luego está lo de saber ser artista profesional. Porque se puede ser un intérprete tremendo, pero no ser artista, por lo cual a su vez no aspirar a ser artista profesional de cierto nivel. Se puede cantar muy bonito, que todo el que lo escuche se de cuenta. Pero claro, luego está lo de que te escuchen, y la estrategia que tomes para ello. Es admirable cantar muy bonito, pero también es admirable, de gran mérito y obvia utilidad saber ser artista profesional de nivel.

Ahí tenemos a Chacón hace un siglo diciendo a Vallejo que él canta mejor que Pepe Marchena, pero sabiendo que a Pepe Marchena no le haría falta ser premiado como el mejor cantaor. Viendo venir que, en los años siguientes, el otro posiblemente no cantaba tan bonito como Vallejo, pero sabría ser líder como artista profesional del flamenco. No se equivocaba, Pepe Marchena terminaría encabezando, junto a los gestores Vedrines y Alberto Montserrat, lo más parecido a industria profesional del flamenco que ha habido en España, industria realmente profesional, dependiente de la venta de entradas al público, y no con el dinero público como principal factor. Algo que se acabó con el inicio de la guerra civil española, y nunca volvió a haber en España con relevancia una industria realmente profesional del flamenco.

Un siglo después está sucediendo lo de Rosalía, como concepto de industria realmente profesional del flamenco. Rosalía está creando nuevas posibilidades interpretativas para los cantes flamencos, en cuanto a estéticas y sonidos para seguiriyas o fandangos entre otros cantes, además de realizar sus propios inventos flamencos, como hiciera en su momento Chacón, y lo combina con nuevas posibilidades de marketing adaptadas al tiempo y al lugar, como hiciera en su momento Pepe Marchena junto a Vedrines y Montserrat. Y sí, es obvio que cantar muy bonito da posibilidades para convencer a un público, pero hay algo más importante aún: que ese posible público sepa que cantas y existes. Ser artista profesional no es cantar bonito, como mucho sucede que cantar bonito es una de las varias asignaturas, y ni siquiera es lo más vinculante para el resultado general.

En las últimas décadas, desde el regreso de la democracia a España, el sector flamenco ha sido un paradigma de mundillo muy subvencionado. La mayoría de los que gestionaban a los intérpretes del cante, el toque y el baile, y la mayor parte de los propios intérpretes, olvidaron cuáles son los esquemas profesionales para dar a conocer el producto flamenco al público, ya que solía ser más rápido y efectivo escalar posiciones en un mundillo interno, para intentar optar a los mejores unicornios posibles de dinero público.

¿Qué está pasando ahora mismo? La teta no da para más, apenas entra dinero público en el sector flamenco, y quien más mantenía al sector era la Junta de Andalucía, que tiene dificultades actualmente hasta para mantener el Sistema Andaluz de Salud. Y no, no ha sido decisión del nuevo gobierno de "derechas", el anterior gobierno del PSOEA se vio obligado, por circunstancia económica, a que Junta de Andalucía dejara de ser el agente que más mantuviera lo que yo denomino El Edificio Flamenco. En paralelo todos en el sector ven cómo Rosalía consigue un gran mercado de público. Pero resulta que Rosalía no está quitando el trabajo a nadie. Rosalía, sencillamente, está rentabilizando un posible negocio que ahí estaba, y ahí se tiró durante décadas prácticamente desatendido, ya que, desde el final del franquismo, pocos son los intérpretes flamencos que han preferido trabajar para rentabilizar realmente con público real el producto flamenco, como sí han hecho Sara Baras, Miguel Poveda, El Barrio y poco más.

Claro, lo típico era meterse en la cadena de méritos de un mundillo que vivía de espaldas al público, buscando el unicornio, ser programados por cachés casi siempre ficticios y no justificables en festivales de dinero público, ante teatros muy rellenados de público invitado. Era un camino que, en corto plazo de tiempo, podía dar mayores resultados económicos para los intérpretes y sus gestores. Porque el otro camino, el de seguir procesos profesionales para crearse un público, era menos rápido y más difícil, cuesta mucho tiempo y paciencia. Pero ¿Qué pasa si se cae la teta y de repente apenas da leche? Pues queda intentar vivir de generar un movimiento real de dinero, lo cual no es tampoco una tragedia, así es la industria del country en Estados Unidos, siendo una industria mucho más profesional y desarrollada que la industria del flamenco en España. Si el sector flamenco no funciona a través del intervencionismo, está obligado a funcionar a través del mercado. O si no, el sector no funciona. Todavía la mayoría está preguntándose por qué suceden cosas.

No es esperar a que te den cosas porque tienes un producto que es muy bonito, es conseguir uno mismo las cosas aprovechando que es muy bonito eso que tienes. Pepe Marchena hace un siglo lo tenía clarísimo, y Antonio Chacón se dio cuenta. Ojalá no hubiera sucedido aquella guerra civil que, además de tener muchas cosas horribles, también hizo detener el desarrollo de una industria profesional del flamenco.

Por Jaci González

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