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escasos minutos para la una de la madrugada
cuando hicieron acto de presencia sobre
el escenario las bailaoras. Vestidas con
rigurosos trajes negros, se dispondrían
a hacer una seguiriya en la que, como viene
siendo habitual en ellas, retarían
al aire cortando su esencia en lugar de
moverla. El cante de Roberto Lorente se
mostraba profundo y de la misma calidad
que la guitarra de Manuel Cazás,
a quienes también ayudaban en este
primer palo de la noche los contundentes
arreglos de violín de Roberto Jabonero
(habitual del grupo "Celtas Cortos")
y el colchón que ofrecía el
sonido del acordeón de José
Solo. No es muy habitual ver un acompañamiento
para baile de seguiriyas con los citados
instrumentos de cuerda y viento, pero ciertamente
podría decirse que aportan mayor
carga escénica y sentimental a la
interpretación. Rosa y Popi mientras
tanto seguían ofreciendo detalles
coreográficos que serían cerrados
con un contundente cierre, tras el cual
llegaron los posteriores aplausos del público
que llenaba la sala.
Se quedaron Lorente y Cazás solos
en escena para hacer unos tangos con bastante
compás (a destacar un sencillo
pero interesante juego en la nota Sí),
tras los cuales llegó el momento
de la más popular cantiña,
las alegrías. Quizás sea
éste el palo en el que mejor se
luzca en solitario Rosa de las Heras,
quien no hace mucho fuera destacada bailaora
en las compañías de Amargo
y Joaquín Cortés. Aires
de Cái que se hacían más
evidentes todavía en la voz de
Lorente al meter algunas letras de bulerías
gaditanas... Y de este modo se cerraría
la primera parte.
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