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Mientras tanto, la inmensa mayoría
de guitarristas de Madrid no perdían
detalle alguno, situados casi todos en
la parte central de las gradas, bajo los
palcos vip. Curiosamente, sus óles
se producían en momentos diferentes
a los del resto del público, dando
más importancia a los mensajes
del sonido que a la técnica. Ellos
son los que mejor saben que se está
produciendo un nuevo cambio en la historia
de la guitarra flamenca, causado por el
mismo artista que en las más recientes
evoluciones.
Tras el descanso, la parte más
festera del espectáculo, justo
cuando desde el centro de la plaza podía
verse a la luna asomándose sobre
el escenario. Popurrí de tangos
con falsetas viajando por la discografía
de Paco, para terminar en "Cositas
buenas". Continuación con
la trepidante bulería "Volar",
donde voló virtuosamente la armónica
de Antonio Serrano, sacando un sonido
elegante sin que le reprochara el aire
la escasa presencia del instrumento en
el flamenco. El espectáculo siguió
creciendo con "Zyryab", tema
interpretado durante bastantes minutos
en los que solo podría desearse
que aquello no se acabara. El grupo demostró
estar a la misma altura que aquel famoso
sexteto que puso el liston muy alto en
tiempos pasados: Alain Pérez hizo
un solo formidable con su bajo, al igual
que Antonio Serrano al piano, Piraña
a la percusión, o Niño Josele
a la guitarra. En el cante, comenzó
entrando la voz de la Tana, a la que siguió
Montse Cortés con el "Reniego"
popularizado por Tomás Pavón.
Gran momento con la letra por seguiriya
interpretada por Duquende... Mientras
el público decía óle
al unísono, en el palco número
quince la cantaora María Toledo
no podía resistir llorar de la
emoción.
La plaza de toros aclamaba al completo
en pie cuando pude darme cuenta de que
había más gente con lágrimas
en los ojos, lo cual es obvio teniendo
en cuenta que habrá músicos
mejores o peores en el flamenco actual,
pero a la hora de transmitir se clasifican
en Paco por un lado y el resto de artistas
por otro.
Y sí, tras la petición
del público la Plaza de Toros de
las Ventas se convirtió en un barco
que navegó en alta mar "entre
dos aguas"... Tras otra gran tanda
de ovaciones después de la despedida
del maestro, diez mil personas comenzaban
a abandonar la plaza con la seguridad
de haber asistido a uno de los mejores
espectáculos en sus vidas. Mientras
tanto, en el backstage, Antonio Carmona
y El Negri se intercambiaban sus nuevos
números de teléfono móvil,
Niña Pastori esperaba su turno
para ver al maestro, y seguramente Jualo
intercambiaba impresiones con uno de los
artistas más importantes de la
historia de este país: Paco de
Lucía.
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