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Paco de Lucía en concierto
19.10.04. Tremendo éxito del quizás más importante guitarrista flamenco de la historia en su posiblemente último concierto en Madrid, el pasado sábado 16 de octubre, con un auditorio que fue transportado por unas horas al prácticamente inalcanzable mundo en el que reina Paco de Lucía.

Realizado por Jacinto González  (jaci@aireflamenco.com)


Marcaba el reloj las veintiuna horas con diecisiete minutos cuando las luces del Palacio Municipal de Congresos de Madrid oscurecieron haciéndose luz en el escenario entre aplausos aquel a quien todos esperábamos, Paco de Lucía. En soledad, cejilla al dos, y habitual fondo de palmeras, como viento de "Siroco" llegó con malagueños aires la rondeña "Mi niño Curro". Completa demostración de contundencias entre matices con técnicas al servicio del sentimiento, y del hijo del maestro a su hija pequeña Antonia a compás de bulería por soleá. Sin cejilla y sin cante del propio guitarrista, puesto que en esta ocasión y a la contra que en el disco fueron los tres cantaores (La Tana, Duquende, Montse Cortés) los encargados de poner voz a las letras de Paco, en un tema que sonó totalmente limpio con el acompañamiento percusivo de Piraña y Niño Josele. Tras los merecidos aplausos, llegó el momento de quedarse sólo con las dos percusiones para hacer una bulería de enorme sentido rítmico a la que siguió otro momento de soledad en el que, de azules colores cenitales iluminado, Paco convirtió al auditorio en un callejón en cuyos muros resonaba con aires de levante la minera. Momento óptimo para intentar comprobar que no se trataba de un sueño y allí estaba en realidad el maestro.

Entrada de todo el grupo de músicos para hacer palmas a unas alegrías en las que Paco descargó toda su munición para llevar de calle hacia la chiclanera playa de La Barrosa. Las alegrías comenzaron con el momento más divertido de la noche, al gritarle al guitarrista alguien desde las gradas su nombre, parando de tocar para preguntar "¿Qué?". Tras las risas, comienzo de unas alegrías espectaculares (tremendo picado comenzando por las primas de abajo subiendo hacia arriba hasta el duodécimo traste y desde ahí escalada al bordón) que terminaron con un momento de indescriptible magia al entrar Aláin Pérez al bajo, Antonio Serrano al teclado y Niño Josele a la segunda guitarra, llegando así el momento del descanso.

Tras algo más de veinte minutos de pausa, a las veintidós horas con veintiséis minutos regresaba de nuevo Paco al escenario, pero esta vez acompañado por todos los músicos y cantaores. Tras una parte algo más intimista y con más lucimiento personal, llegaba el momento de mostrar el trabajo en grupo, con aire más festero. Comienzo con un tema en plan cuaternario, que aunque yo lo titularía "Palenque" realmente era una fusión entre rumbas y tangos en la cual se establecían cambios con sorprendente naturalidad entre estilos, con un destacable solo de bajo del músico cubano ahijado artístico de Celia Cruz, Aláin Pérez (formidable)... Y de ahí, a volar con las bulerías de mismo título del último disco. A destacar una base de piano de Serrano a modo de colchón, y la forma de comprobar como en directo Paco no solo es capaz de hacer funcionar el nuevo invento entre imaginarios silencios realmente sonoros en que está convirtiendo otro nuevo cambio en la historia de la flamenca guitarra, sino que además mejora respecto a la grabación discográfica.

De ahí a los tangos "Cositas buenas", con una situación reseñable, y es que no fue hasta la segunda vez cuando Paco realizó el demoledor apunte bordonero que antecede al estribillo cantado por las voces. Momentos para el recuerdo antes de la llegada de "Ziryab", o mejor dicho, un larguísimo tema en cuestión de tiempo (deseablemente interminable por lo bien que sonaba) en el cual cada instrumentista pudo tener su tiempo de gloria. Ciertamente se agradece que hubiera un tema en el cual Paco se limitara durante unos minutos a hacer solo acordes, para que así pudiéramos mirar durante un momento más allá de la "Hermanos Conde" del maestro para comprobar el inmarcesible carácter percusivo de Piraña, el sentido de la armonía de Aláin, la gran genialidad de Antonio Serrano en varios instrumentos como la armónica o el teclado, o la flamenquísima personalidad tocaora de Niño Josele. Un grupo de músicos de gran nivel que supo estar a la altura de la circunstancia, al igual que los cantaores, que metieron en ese compás una letra de seguiriyas cada uno. Duquende, cada vez cantando mejor, más reposado y con mayor conocimiento. La Tana, bastante correcta, y Montse recordando con buen gusto el "Reniego" popularizado por Tomás Pavón.

De este modo terminaría oficialmente el concierto, pero el público quería más. Tras varios y largos minutos por la impaciencia ante la prácticamente evidente nueva salida de los músicos a escena, aderezados con una cantidad de ruido proveniente de verdaderos gritos y jaleos a unos decibelios elevadísimos (imagínense como había tocado Paco para esto...), regreso de todos los artistas al escenario para hacer navegar al público por alta mar entre dos aguas... Y un concierto que finalizó con todo el público y el maestro en pie, ya totalmente recuperado de una gripe sufrida días atrás (aunque no lo parezca, Paco es humano, cuestión que no supieron valorar algunos críticos en la pasada Bienal sevillana cuando salió a escena con alguna llaga en los dedos). ¿Qué se podría decir sobre Paco de Lucía que no se haya dicho ya?. Quizás, a modo profético, que su reino no es de este mundo... Ojalá se reconsidere la idea de retirarse de los escenarios, aunque el descanso del guerrero es mucho más que merecido y su carrera ha sido larga, su magisterio es inconmensurable.









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