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Morente&Riqueni, la esencia de lo sublime.
26.06.06 El maestro granadino y el genial guitarrista trianero fueron los protagonistas de la tercera jornada del festival Flamenco pa tós, en la noche del jueves 22 de junio.







Realizado por Jacinto González
 (jaci@aireflamenco.com)



Caía la noche sobre la ciudad de Madrid cuando sobre una inmensa pantalla situada sobre un escenario se estrenaba un vídeo realizado por Fernando Trueba en el cual Estrella Morente, hija del maestro, interpretaba con su característica esencia flamenca una zambra. Minutos antes de eso, Juan Luis Cano y Guillermo Fesser habían realizado una humorística introducción a lo que sería la noche. En definitiva, buenos prolegómenos para lo que estaba a punto de suceder en el Aula Magna del madrileño Colegio de Médicos...

Morente&Riqueni, así se titula el nuevo invento que se le ha ocurrido al genio granadino en compañía del actual rey de la sonanta trianera. Ya saben, Enrique es imprevisible a la par que impresionante, y la conjunción astralmente flamenca que había programado Juan Verdú convertía a la noche como ámplia candidata a ser un reseñable episodio en la historia del arte, como finalmente terminó sucediendo...

Cantaor y guitarrista salen al ruedo, y a falta de albero o sol de media tarde, solamente su aire basta para convencer desde la andanada hasta la barrera de que aunque hubo quien dijo que el flamenco ya no es lo que era, para la evolución sobran las fronteras. La cuadrilla de grandes artistas, formada por el percusionista Bandolero y las voces de Pepe Luis Carmona, Antonio Carbonell, y Ángel Gabarre, acomodó sitio para la llegada del maestro que hizo de su arte un capote lidiando con elegancia y clase un cante que a compás de bulería fue llevado hacia las formas de cante que el granadino quiso, para eso es Morente. Hubo un instante en el que el soniquete se situaba en el siglo XXII con la esencia situada en el mito de El Planeta, el protoflamenco con el tempo de acompañamiento doblado. Por minutos se paseó entre versos de Machado, formas de Silverio cabalmente huérfanas de seguiriya previa pero con bandolera percusión, o la seguiriya bulerizada. Y que grande es Riqueni con una guitarra en sus manos... "¡ Qué barbaridad !" exclamaba Balbino Gutierrez con felicidad.

Paseo por las cantiñas de la bahía, con el vaporcito parando en El Puerto para visitar a los versos de Alberti, marinero en cielo sin recibimiento por manidos tirititranes, para el gran poeta es mejor la orquesta sinfónica de vocales cuerdas granadinas con trémolos sonanteros de dirección trianera. Tras las alegrías que dieron al respetable con las ídem, llegó el momento de la soleá.

No existen palabras en el diccionario de la Real Academia para poder explicar como fue el aire en un instante en el cual tuvo lugar una impactante interpretación soleaera al estilo del lebrijano Juaniqui sumada a cierta esencia fernandista y añadiendo en su justa medida condimentos melódicos y tonales por parte del granadino, seguida inmediatamente por una tremenda falseta de Rafael Riqueni con tanta intensidad artística como pudiera tener una pisada del de Paula en medio de la Maestranza. Aplausos, ovaciones, alguna que otra exclamación... Pero quedaba más, mucho más por descubrir.

Fue en enero de 1928 cuando un gran gitano madrileño apellidado Montoya y el maestro Chacón, en tiempos en los que ambos ya se habían pasado años dando arte a las tablas de los cafés cantantes de Madrid, dejaron grabada la malagueña "Del convento las campanas" que a su vez fue recuperada por Morente en 1977 haciendo su versión habichuelada en homenaje a la referencia. Tras las cantiñas realizadas por Morente&Riqueni, llegó el momento morentino de la riquenización de la habichuelización de la a su vez montoyización de la malagueña chaconiana, de arte...

Y el momento culminante, el máximo, llegó con la seguiriya. Cómo sería la entrada que hizo Riqueni para comenzarla que con solo un par de rasgueos exclamó un óle el auditorio entero. Lo elegido por Enrique en este instante fue rememorar su participación en la película "Flamenco" de Carlos Saura,que si en aquella ocasión el toque fue bastante bueno por parte de Cañizares pero basado pretendidamente en la austeridad, el guitarrista trianero de la calle Fabié optó por estructurar el asunto a través de juegos de gran carga lírica en cuanto a su armonía. Dos gigantes en el escenario creando una seguiriya que el que aquí les escribe no olvidará en el resto de su vida. En primera fila, alineados y literalmente llorando se encontraban por este orden de izquierda a derecha el escritor Balbino Gutiérrez, yo, la actriz Teresa Vallejo, José Manuel Fernández, y Juan Verdú. La capilla sixtina del flamenco tampoco olvidará nunca aquella seguiriya... Al finalizar este cante, el público en pie gritaba, aplaudía, ovacionaba como pocas veces ocurre flamencamente en un recinto escénico.

Regresaron los artistas para hacer una ronda de tonás iniciada por Pepe Luis Carmona, continuada por Gabarré, posteriormente Carbonell y finalmente Morente mientras sus coristas le hacían la polifonía. Más ovaciones, más aplausos, y Enrique que decide acordarse de La Paquera de Jerez. Bandolero cogió un raro instrumento llamado batacajón para tocarle con mucho arte, Riqueni volvió a dar lustre entre prima y bordón como él y muy pocos más saben hacerlo, y se formó la fiesta por bulería. Había razones para celebrar algo, por supuesto, y se trataba del hecho de que Riqueni sigue estando entre los grandes de la guitarra mientras la conceptualización morentina sigue habitando en su mundo, tan próximo como inalcanzable.




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