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Tras la soleá, llegó el
tiempo del tanguillo, en el que los óles
se hicieron contundentes en un solo con
acercamiento a la bulería que realizó
Juan Carlos Aracil con su flauta. El músico
repetía por segundo día
consecutivo en la Galileo, puesto que
también ejerce de flautista en
Elbicho, agrupación que la noche
anterior realizó uno de los mejores
conciertos de su historia para despedirse
por un tiempo de España con el
fin de realizar una gira internacional...
Después de los tanguillos, donde
se rozaron las bulerías, llegó
la bulería en sí misma.
En este tema todos los músicos
realizaron sus correspondientes solos
demostrando cada uno de ellos estar a
la misma altura de la gran circunstancia
que crea artísticamente el genial
guitarrista de Santa Coloma de Gramanet.
Posteriormente, casi todos los músicos
abandonaron el escenario dejando solos
en escena a la cantante María Berasarte
y a José Luis Montón. En
perfecto portugués y en auténtico
fado, la voz y la guitarra subieron por
las calles del lisboeta barrio de Alfama
para una vez llegados al Castillo de San
Jorge conseguir rozar el cielo desde donde
seguramente Amalia Rodrigues mantenía
constantemente vigilado el escenario de
la Galileo en Madrid... "Estranha
forma de vida".
La voz de María Berasarte es totalmente
personal, con bastante tendencia portuguesa
respecto la tonalidad pero con el compás
necesario para acompañar el flamenco
de José Luis Montón, siendo
una artista que no sería de extrañar
que en próximos años se
convierta en una gran estrella. De eso
podemos estar prácticamente seguros.
Y el camino que salió de España
hacia Portugal continuó por barco
hasta América volviendo toda la
banda a escena, con sonidos de ida y vuelta
que fueron tendiendo posteriormente a
terrenos más cercanos a la rumba.
José Luis Montón tuvo la
amabilidad de recordarnos por segunda
vez el nombre de todos sus músicos
mientras colocaba la cejilla en el tercer
traste, situación que demuestra
la humildad del artista que lleva dentro,
puesto que a pesar de dirigir el proyecto
no quiere situarse un escalón por
encima del resto de integrantes de la
banda. Ahora tocaba viajar hasta Cádiz
a ritmo de tanguillo en el que el propio
guitarrista puso la voz, antes de despedirse
con un gran tema en compás de doce
por ocho con acentuación alterada
compuesto por Carlos Punkbass, bajista
de Elbicho. Una vez que salió toda
la banda del escenario, el público
que llenaba la sala no pudo resistir ponerse
en pie para pedir entre gritos y aplausos
el regreso del aire al escenario... Y
de que manera volvió...
La lorquiana Tarara jugó a ser
distintos compases y tempos dedicados
a ese gran profesional situado en la mesa
de sonido llamado Álvaro, con la
voz de María consiguiendo ser un
viento tremendamente encauzado por los
músicos acompañantes. José
Luis cerraba los ojos, y soñaba
con su guitarra...
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