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Los Jueves de Calle 54, han llegado
a su punto álgido. Lejos
de la cuesta de Enero, la semana
pasada, vimos la sala llena porque
el aficionado de Madrid sabe que
aquí se programa Flamenco
y que noche tras noche, sobre las
tablas de este escenario que tantas
singularidades aporta, se suceden
los días de gloria, el encuentro
entre nuestras gentes y la copa
entre amigos para comentar la jugada.
El pasado día 11, tuvimos
la oportunidad de contemplar el
buen hacer de la bailaora Inmaculada
Ortega.
"La cojo, la como y la tiro",
es esa frase que recordaremos cuando
quien sabía, nos apuntaba
como mover los brazos a la hora
de bailar Flamenco. Cojo la manzana
en lo alto, la acerco a la boca
y la como y alejo el brazo al frente
para tirarla. Pruébenlo,
verán que bien se mueve su
mano.
Inmaculada Ortega, de elegante figura
y de claro acento jerezano, mueve
sus brazos, alarga su figura, recoge
su cuerpo y lo lleva de aquí
para allá con arte y finura,
recreando el cartel flamenco. Pero
en el movimiento de sus brazos y
por extensión de sus manos,
está su fuerza flamenca.
Seguir sus manos es adivinar los
dibujos que pinta en el aire y plasmarlos
por momentos como un cuadro que
se cuelga inevitablemente en la
pared de nuestra memoria.
Al calor del cante de Roberto Lorente,
que estuvo muy en su sitio, disfrutamos
con Inmaculada, de una nueva oleada
del sabor que llena este ciclo que
ya es costumbre.
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