| La
noche comenzó con la presentación
de Teresa Vallejo, ya lo dije hace
unos días, sinónimo
de arte con elegancia sobre un escenario...
Jerónimo iba a ser el segundo
artista de la noche, que salió
con su guitarra tras las palabras
de la presentadora. Era grande lo
que se esperaba de este artista y
superior aún lo que ofreció,
comenzando con una soleá de
tremenda personalidad en la que hizo
y deshizo todo lo que le vino en gana
ganándose una ovación
del público al terminarla.
Continuó por rondeña
demostrando ser todo un poeta con
su manera de combinar mensajes y expresiones.
Se habla mucho del sonido Caño
Roto, pero ese concepto realmente
está más relacionado
con la música que en los
setenta ingeniaron buenos artistas
del barrio. La guitarra de Caño
Roto es algo distinto, es un toque
muy característico en el
que los artistas juegan con la velocidad
y el ritmo de manera muy peculiar.
Jerónimo parte de esta forma
de tocar para dar una vuelta más
de tuerca y crear su propia forma
del toque de Caño Roto por
bulerías, estilo que hizo
antes de llamar al escenario a su
hermano Leo para homenajear con
aires jazzísticos a Django
Reinhardt... Que grande.
La noche ya era magia, y así
se mantuvo la situación con
la actuación de Ezequiel
Benitez con guitarra de Antonio
Higuero y percusión de Jesús
Grande. El cantaor, quizás
el artista flamenco joven más
completo de la actualidad, comenzó
su actuación con una soleá
por bulerías a la que siguieron
unos fandangos. Posteriormente llegó
una bulería en la que provocó
las risas del patio de butacas con
unas letras creadas por su propio
padre cerradas con baile a pie de
escenario, además de los
gritos de ánimo que el público
dejaba caer hacia el cantaor. Ezequiel
finalizó su actuación
por fandangos cantados sin micrófono,
lloviendo claveles sobre el escenario
y parte del público asistente
(alguno de los artistas de días
anteriores entre ellos) en pie para
despedir una gran actuación
como se merecía. Este chico
llegará a algo grande.
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