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Tras un pequeño esbozo de preciosista
baile de estilo flamenco contemporaneo
(no confundir con algo tan diferente como
es contemporaneo flamenco), llegaría
una ronda de tonás por parte de
los cantaores (Enrique Soto, Jeromo Segura,
Pepe de Pura) experimentando desde lo
más enraizado hasta lo más
melódico con una letra por artista.
"Rarapatá" es el número
por bulerías que vendría
a continuación, realizado con acierto
por los tres bailaores de la compañía
(Luis Miguel González, Juan Manuel
Zurano, Eduardo Guerrero) poniendo en
escena una coreografía muy bien
planteada por Eva. "Torre de la Vela"
es el nombre de la siguiente escena, tomado
de la más grande y simbólica
de las torres de la Alhambra, desde la
cual puede verse lejanamente espectacular
el horizonte... Y en el horizonte del
escenario, un sol parecía amanecer
por granaína. Asimilándose
su traje al anaranjado astro rey, en la
esquina izquierda del fondo apareció
Eva para alumbrar una perspectiva rítmica
a un palo que realmente suele ir libre
de compás, complicada situación
que nuestra protagonista y sus músicos
supieron solventar con grandes dosis de
buen gusto. Una vez situada en el centro
de la escena, pudo comprobarse que eran
rosas las que parecían anaranjadas
vestiduras debido a la iluminación.
La granaína se convertía
en el más perfecto verso que expresa
corporalmente como suena el agua de las
fuentes de tan histórica ciudad,
como luce el sol en el blanco de sus paredes,
como son sus jardines al llegar la primavera....
Desde las primeras filas, artistas manchegos
como la cantaora María Toledo,
el cineasta Pedro Almodóvar, o
la bailaora Rosa de las Heras afirmaban
merecidos elogios al homenaje a Granada
hecho corporal poesía que allí
se realizaba. Eva bailaba hacia dentro,
pero con una intención totalmente
de exteriorización. Y el instante
seguía creciendo, mientras la melodía
y el compás desplazaron geográficamente
la escena hacia Málaga por rondeña
para volver rápidamente a Granada
por fandango de Frasquito, Yerbabuena
bailando Yerbagüena. Rotundidad de
aplausos.
Así se llegó, sin interrupciones
y con una magistralmente planteada continuidad
(recurso utilizado en todo el espectáculo,
Eva además de excelente bailaora
es una admirable coreógrafa y directora
artística), a una seguiriya aligeraíta
bailada por el cuerpo de baile compuesto
por los bailaores antes presentados y
las bailaoras Mercedes de Cördoba,
María Moreno, y Asunción
Pérez.... De esta manera el viaje
derivó al momento de la soleá,
con aires trianeros e imaginada en el
puente que une el mítico barrio
con la ciudad de Sevilla, mientras a la
derecha del escenario la luna decreciente
asomaba misteriosa a media altura envuelta
en nubes. El momento más espectacular
llegó poco antes del típico
aumento de tempo en el compás para
pasar a ser por bulería, cuando
Eva pareció lanzarse del escenario
ralentizándose prodigiosamente
a una cuarta parte respecto a la medida
rítmica. El público respondió
al unísono con un sonoro óle.
Tras unas guajiras bailadas por el resto
de la compañía, el asunto
se fue a "Chirrín malacatín",
que traducido de sevillano a castellano
puede significar que la película
estaba llegando a su final. Eva volvió
al escenario para echar su bailecito por
tangos, que tuvieron el buen gusto de
viajar por estilos extremeños pero
sin utilizar las tan manídas letras
habituales. Una vez terminada la fiesta
del compás al cuatro por cuatro,
llegó el momento de despertar de
tan inspirado viaje. Y allí estaba
ella, nuevamente junto al mismo gramófono
que hacía sonar las mismas melodías...
Pero nada volvía a ser lo mismo,
la protagonista de la película
había experimentado un viaje emocional
inolvidable, como también lo será
para una gran parte del público
asistente...
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