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"Eva", Eva Yerbabuena en Madrid
16.07.05. Gran éxito en la puesta en escena del espectáculo "Eva", de Eva la Yerbabuena, el pasado miércoles 13 de julio en el madrileño matadero de Legazpi dentro de la programación de Los Veranos de la Villa.




Texto: Jacinto González  (jaci@aireflamenco.com)
Foto: www.evayerbabuena.com




Eran las diez de la noche cuando un mar de cientos de abanicos agitados debido al caluroso ambiente buscaba orilla frente al inmenso y espectacular escenario situado en los terrenos del antiguo matadero de Legazpi, lugar que se estrena como recinto escénico al aire libre en la presente edición de Los Veranos de la Villa. Faltaban escasos minutos para que se levantara el inmenso y rojo telón, momento en el cual se pudo ver a Eva la Yerbabuena sentada junto a un gramófono, cuya música invitó a adentrarse en el hilo argumental de la obra: una exteriorización introspectiva basada en un viaje sentimental de carácter atemporal. Eva realiza un viaje en el tiempo hacia un estado emocional donde no existe la posibilidad de las cuantificaciones, solamente tiempos en presente para experimentar cualquier tipo de sensación provocada flamencamente.

Tras un pequeño esbozo de preciosista baile de estilo flamenco contemporaneo (no confundir con algo tan diferente como es contemporaneo flamenco), llegaría una ronda de tonás por parte de los cantaores (Enrique Soto, Jeromo Segura, Pepe de Pura) experimentando desde lo más enraizado hasta lo más melódico con una letra por artista. "Rarapatá" es el número por bulerías que vendría a continuación, realizado con acierto por los tres bailaores de la compañía (Luis Miguel González, Juan Manuel Zurano, Eduardo Guerrero) poniendo en escena una coreografía muy bien planteada por Eva. "Torre de la Vela" es el nombre de la siguiente escena, tomado de la más grande y simbólica de las torres de la Alhambra, desde la cual puede verse lejanamente espectacular el horizonte... Y en el horizonte del escenario, un sol parecía amanecer por granaína. Asimilándose su traje al anaranjado astro rey, en la esquina izquierda del fondo apareció Eva para alumbrar una perspectiva rítmica a un palo que realmente suele ir libre de compás, complicada situación que nuestra protagonista y sus músicos supieron solventar con grandes dosis de buen gusto. Una vez situada en el centro de la escena, pudo comprobarse que eran rosas las que parecían anaranjadas vestiduras debido a la iluminación. La granaína se convertía en el más perfecto verso que expresa corporalmente como suena el agua de las fuentes de tan histórica ciudad, como luce el sol en el blanco de sus paredes, como son sus jardines al llegar la primavera.... Desde las primeras filas, artistas manchegos como la cantaora María Toledo, el cineasta Pedro Almodóvar, o la bailaora Rosa de las Heras afirmaban merecidos elogios al homenaje a Granada hecho corporal poesía que allí se realizaba. Eva bailaba hacia dentro, pero con una intención totalmente de exteriorización. Y el instante seguía creciendo, mientras la melodía y el compás desplazaron geográficamente la escena hacia Málaga por rondeña para volver rápidamente a Granada por fandango de Frasquito, Yerbabuena bailando Yerbagüena. Rotundidad de aplausos.

Así se llegó, sin interrupciones y con una magistralmente planteada continuidad (recurso utilizado en todo el espectáculo, Eva además de excelente bailaora es una admirable coreógrafa y directora artística), a una seguiriya aligeraíta bailada por el cuerpo de baile compuesto por los bailaores antes presentados y las bailaoras Mercedes de Cördoba, María Moreno, y Asunción Pérez.... De esta manera el viaje derivó al momento de la soleá, con aires trianeros e imaginada en el puente que une el mítico barrio con la ciudad de Sevilla, mientras a la derecha del escenario la luna decreciente asomaba misteriosa a media altura envuelta en nubes. El momento más espectacular llegó poco antes del típico aumento de tempo en el compás para pasar a ser por bulería, cuando Eva pareció lanzarse del escenario ralentizándose prodigiosamente a una cuarta parte respecto a la medida rítmica. El público respondió al unísono con un sonoro óle.

Tras unas guajiras bailadas por el resto de la compañía, el asunto se fue a "Chirrín malacatín", que traducido de sevillano a castellano puede significar que la película estaba llegando a su final. Eva volvió al escenario para echar su bailecito por tangos, que tuvieron el buen gusto de viajar por estilos extremeños pero sin utilizar las tan manídas letras habituales. Una vez terminada la fiesta del compás al cuatro por cuatro, llegó el momento de despertar de tan inspirado viaje. Y allí estaba ella, nuevamente junto al mismo gramófono que hacía sonar las mismas melodías... Pero nada volvía a ser lo mismo, la protagonista de la película había experimentado un viaje emocional inolvidable, como también lo será para una gran parte del público asistente...

 



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