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Soleares largas y completitas viajando
por muchos estilos, y grandes aciertos
por parte de Requena, como también
resultó enciclopédico el
cante por tientos que terminó derivando
en tangos. Viajes temporales entre los
tiempos del Mellizo allá a finales
del siglo XIX con la esencia de las calles
que bajan de la gaditana carcel vieja
a la fábrica de tabacos, hasta
los comerciales estilos del siglo XXI.
Todo lo hace bien Encarna, recordando
en esta ocasión bastantes a su
suegra, Doña Carmen. Ya para rematar
la tremenda faena, final por bulerías
en el que hubo de todo, incluida aquella
letrita de "Voy a perder la cabeza
por tu amor" original del compositor
jerezano Manuel Alejandro. Al final Jesús
Fernández y Marisa Albaicín
terminaron jaleando al baile de la gaditana,
que se despedía del escenario dando
la sensación al público
de haber visto el comienzo de una película
que estará plagada de memorables
capítulos. Que vida artística
le puede esperar a Encarna, da hasta vértigo...
De momento toca esperar el prometedor
disco que está terminando de grabar
con producción de Miguel Poveda,
que posiblemente saldrá a la venta
a comienzos del próximo año.
Después de un breve descanso,
otro artista joven pero con más
tablas que el carpintero que hizo el Arca
de Noé. Personalidad propia y carácter
en un estilo basado principalmente en
el aumento del tempo habitual en los cantes,
pero teniendo en cuenta que no lo hace
como suele ser habitual en estos casos
para ocultar carencias, porque Antonio
Carbonell está más que "pasao".
Acompañado por Montoyita (que estuvo
espléndido) y Montoyita Hijo a
las guitarras y Morito a la percusión,
se paseó con sabiduría y
experiencia por malagueñas, soleares,
seguiriyas (gran Reniego de Cagancho),
fandangos, y bulerías. Respecto
a las bulerías es reseñable
un gran momento que se vivió al
dedicar una letrita a Estrella Morente,
mientras entre el público la abuela
de la cantaora expresaba incuantificable
felicidad.
Ojalá Antonio Carbonell tenga
en su nueva etapa artística toda
la suerte que se merece. No se parece
a nadie, no pretende parecerse a nada,
y al mismo tiempo demuestra un carácter
artístico que le hace diferente.
En definitiva, entre Encarna Anillo y
Antonio Carbonell nos dieron una de las
mejores noches flamencas del año
madrileño, jóvenes pero
sobradamente a la altura de ciertas circunstancias.
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