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Con
las entradas agotadas desde varios
días antes se presentó
Miguel Poveda ante el público
del IV Festival Flamenco de Torrelodones
en una noche que finalizó
siendo antológica. Con el
acompañamiento de Juan Ramón
Caro y las palmas de Luis Cantarote
Lua y Carlos Grilo comenzó
el recital por completísimas
cantiñas antes de abordar
unas malagueñas al estilo
de Chacón que después
de abandolarse terminaron en fandangos
al estilo lucentino. Uno de los
momentos más esperados por
el público no tardó
en llegar, Alfileres de colores
por bulerías. En esta ocasión,
la letra de Pedro Rivera a la que
Diego Carrasco creó concepto
musical vio alargados bastantes
tercios, provocando decenas de ovaciones,
como las de Pedro Almodovar.
La soleá fue dedicada a
Miguel Espín, veterano investigador
flamenco presente en el patio de
butacas. Posteriormente llegó
el momento de la minera que el artista
aprendió del recientemente
fallecido Pencho Cros, en cuyo honor
fue la interpretación de
este cante de levante.
Tras realizar el pregón del
Uvero popularizado por Manolo Caracol
y rematado esta noche por toná,
llegaron unos tientos que incrementando
el tempo se convirtieron en unos
antológicos tangos que comenzando
y culminando en estilos trianeros
se pasearon también por Granada
y Badajoz. La radio de mi madre,
coplas por bulería, consiguió
el primer levantamiento del público.
Entre ovaciones, aplausos, letras
por bulería, y todos los
espectadores en pleno levantándose
y sentándose, transcurrieron
los últimos treinta minutos
de un recital que llegó a
durar dos horas... Y aún
así se hizo corto, podría
haber estado otras dos horas cantando,
el joven cantaor catalán
ya ha entrado con relevancia y todos
los honores en la historia del flamenco.
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