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"Abantos", de Óscar Herrero
20.02.06. Reseña del nuevo disco del guitarrista Óscar Herrero, editado por Acordes Concert y dedicado al monte Abantos.



Realizado por Jacinto González  (jaci@aireflamenco.com)


En la sierra de Guadarrama existe un monte llamado Abantos que entre pinares hace llegar sus laderas a San Lorenzo del Escorial, pueblo en el que existe una ventana a través de la cual se intuye el sonido de una guitarra que encuentra refugio entre la vegetación que frente a ella se asoma...

Y así podría comenzar el relato de una historia hecha proyecto discográfico, llevada a cabo por el más que respetable Óscar Herrero, con personalidad propia y muy buen gusto. El primer pasaje del disco comienza buscando un diálogo con el horizonte del paisaje ofrecido por el monte, quizás guardando un trocito de melancolía por algo que sucedió y no se quisiera recordar, esas cosas que son tan difíciles de borrar de la memoria... Tras el sonido del piano acompañado de las cuerdas llega un compás por bulería que posteriormente resulta ser acompañado de la voz de Enrique Morente a través de versos creados por Carmen Monreal. El monte se hace música, Óscar dialoga con él, se cuentan sus cosas, el asunto suena a bulería pero la armonía parece llevar un viento de levante... Se podrían decir tantas cosas sobre el tema que da título al disco, "Abantos"...

Javier Barón es flamenquísimo bailando, las alegrías "Bailaor" creadas en homenaje a él también son muy flamencas. Sin haber grabado un solo tacón se intuye fácilmente la esencia del baile del artista de Alcalá de Guadaira. Interesantes cambios estructurales en el transcurso del tema, sobre todo en cuestión de tempo... Se nota que está dedicado a un bailaor, porque la estructura es idéntica a como se haría para baile...

La cosa continúa por tanguillos, en homenaje a Serranito, otro grande de la guitarra. El "Carnaval" de Herrero parece llevar sonidos de muchos lugares, cuenta muchas cosas... ¡ A veces incluso parece situarse en Nueva Orleans !. Luego ya establece lazos de unión con sudamérica y centroamérica, con idas y vueltas...

La minera "Mercurio" comienza con el sonido del saxo de Pedro Esparza, que además de hacer la primera llamada al cante como si de una guitarra se tratara, acompaña durante la primera letra del cante de Basilio Villalta. Gran idea porque ambas melodías se conjuntan muy bien además de que muestra una vez más la originalidad de ideas de Óscar. Posteriormente continúa durante el resto de la pista la guitarra, acompañando al cante y en solitario...

"Rumbulé", el hacer bulerías con cuatro por cuatro no es un invento realmente nuevo, pero Óscar Herrero lo reinventa creando un producto muy fresco que en esta ocasión va dedicado a Enrique de Melchor teniendo instrumentos como la armónica de Antonio Serrano, el saxo de Pedro Esparza, el bajo de Abella, la batería de Jorge Palomo y las palmas de Salva del Real y Lorenzo Virseda. Espectacular, por la ventana de Óscar también pasan momentos alegres...

"Esencia" se titula la soleá, y esencia es lo que tiene. En la linea del estilo del artista, quizás algo antiguo pero no anclado, tiempos lejanos pero a su vez cercanos, apasionado pero sosegado, y Óscar en el centro de la balanza. Algunos de estos aspectos se comprueban en momentos como el que sucede poco antes de llegar a los tres minutos, en el que los graves y lentos pulgares se mezclan con la velocidad de los trémolos... Todo dedicado a Claude Worms, guitarrista francés que se cruzó en la trayectoria de Herrero.

Tras la soleá, llegan los "Momentos" en los cuales las nubes que pasan sobre el monte viajan hasta Huelva por fandangos. Limpios y muy elegantes, rompiendo el tan conocido hábito de tocar a veces demasiado "sucios" los fandangos. Esta es una característica que se podría extender a todo el disco, puesto que todos los temas transmiten mucho sin necesidad de realizar rasgueados de gran contundencia y siempre haciendo uso de una elegancia y una limpieza exquisita. Los terrenos de Óscar estan (y esperemos que sigan estando) en tratadísimas melodías, cuidadísima armonía, en la grandeza de pequeños momentos...

Y siguen los inventos... En este caso mezclando la taranta con la petenera, estilos ambos que van libres de compás pero que guardan bastante parecido en su armonía, quizás por ahí vino la idea. La taranta y la petenera tienen connotación dramática, pero Óscar se lo lleva hacia un terreno que tiene más que ver con la tranquilidad respecto al sonido, y al sentimiento maternal en cuanto al mensaje. Para las madres va dedicado, cante de Sonia Cortés mediante.

Para terminar el disco, "Vals peruano". El vals es europeo, pero al llegar a América se encontró con Lima, conoció a Felipe Pinglo y lo demás se hizo historia de la música popular criolla. Felipe, que falleció en 1936 a los treinta y siete años de edad, no llegó a conocer la incorporación del cajón al vals por parte de Francisco Monserrate, mucho menos el posterior hecho del regalo de Caitro Soto hacia el flamenco... Pasado un tiempecito llega Óscar Herrero y hace un vals criollo, con su cajón, y cierto aire flamenco. ¿Consecuencia de muchos hechos? Va a ser eso...

Una vez escuchado el disco se llega a la siguiente conclusión: la música tiene unas cualidades llamadas sonoridad, timbre, tono, intensidad, duración y ritmo. Todas son igual de importantes, todas. Óscar Herrero lo sabe, y por eso ha hecho un disco destinado a ser un ejemplo flamenco para la posteridad. Importante contar la existencia de un segundo CD en el digipack con los mismos temas pero interpretados solamente por guitarra, que en ocasiones también apetece escuchar.

Respecto a lo sentimental, que sensación de relajación y paz después de pasar una hora paseando por los sonidos de un monte de la sierra de Guadarrama, el monte Abantos...


 
 
 
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