Los Espejos de El Barrio relucen en Barcelona

Pasaban unos minutos de las nueve y media de la noche del sábado 21 de enero cuando el Palau Sant Jordi de Barcelona se quedó a oscuras y las guitarras eléctricas empezaron a tronar, apagando, seguramente, la voz de Enrique Bunbury, que actuaba justo en la sala colindante. Con esos primeros acordes los 16.000 espectadores allí congregados dieron sus primeros pasos hacia 'El maravilloso mundo de los espejos' de El Barrio, un viejo conocido del lugar al que regresaba para cautivar, una vez más, a su incondicional público catalán. Apareció deslumbrante por una esquina del escenario, entre luces de todos los colores y rodeado de varios espejos enormes en forma de pantalla.

Le cubría las espaldas una excepcional banda de músicos que ya ocupaba sus posiciones y que se disponía a convertir en inolvidable la noche del 21 de enero. Selu Bastos y Antonio Reina a las guitarras eléctricas, junto a Cecilio Cirre al bajo, llevaban la batuta. Ataviado con traje oscuro y camisa blanca con volantes que le daba cierto toque clásico, El Barrio anunció que “se ha quedado en paro el Ministro de Trabajo” y desató la euforia de los barrieros con su particular visión de la actual problemática social, cantada al ritmo del rock andaluz y proyectada en forma de mensaje positivo. La multitud tarareó entusiasmada aquello de “Vive y respira aunque sea malo el momento” y la tensión general se disparó durante las dos horas y cuarto que duraría el espectáculo. El del Barrio de Santa María no tardaría mucho en desabrocharse la camisa y empezar a entrar en calor y a sentirse a gusto en una tierra en la que se le recibe con los brazos abiertos y en la que el público se le entrega por completo. Tras un inicio que invitaba a quemar adrenalina, turno de El Barrio romántico que evocó los amores de juventud de 'El viejo verano' y que trató un tema tan recurrente como exitoso en su discografía: el amor y el desamor. Después, José Luis Figuereo se sacó un as de debajo de la manga y bordó el tema 'Arte', que fue coreado al unísono. El gaditano lo hizo tan suyo, que sonó más a lamento que a balada popera. Demostró, por tanto, qué es lo que le distingue y lo que, entre otras cosas, le hace llenar pabellones y llegar al público que los abarrota: un estilo propio y unas composiciones exquisitas. El tema 'Lágrimas de hierro' acabaría de confirmarlo.

Uno de los momentos estelares de la noche tuvo lugar cuando El Barrio hizo un brevísimo pero intenso recorrido por los singles de los diez álbumes que conforman su discografía, a modo de preámbulo de las 'Crónicas de una loca'. Así es como empezó sonando flamenco cuando desveló su secreto y “su forma de flamenquito” y cuando le pidió un deseo a la Fuente y le escribió cartas a los poetas. Pero acabó sonando distinto tras sufrir mal de amores, por lo que decidió irse al mundo para no comerse el coco; se dejó llevar por un Ángel malherido hasta las Playas de invierno, donde le dio paso a la voz de su silencio en las noches de duermevela y, finalmente, despertó del letargo y se miró al espejo que anoche presentó en Barcelona en forma de recuerdo. Y recordando se quedó la banda cuando El Barrio se tomó unos minutos de merecido descanso en el ecuador del concierto. Entraron en acción Juani de la Isla a la guitarra flamenca para dirigir a Reyes Martín y los chicos del coro por una mezcla explosiva de temas antiguos que cobraban vigencia y que pretendían revivir 'Una Historia': la historia de aquel joven que un día decidió ponerse un sombrero y darle rienda a la ilusión. Se animó Diego Magallanes, testigo (y culpable en gran medida) del invento El Barrio, de los inicios y, en definitiva, de la evolución... Abandonó por un instante la percusión, prendió el acordeón y se plantó frente a Juani para marcarse un mano a mano que confirma que a El Barrio le pasa un poco como a Messi: es un grandioso jugador por sí solo -el mejor de los últimos tiempos, sin duda-; pero también lo es gracias a todo lo que lleva detrás, que es artillería pesada y de la infalible.

El otro punto álgido se situaría en la interpretación de dos temas recientes: 'La cuna del inocente' y 'Surestao'. Apareció, por tanto, El Barrio flamenco por bulerías con reminiscencias caracoleras; por alegrías típicamente gaditanas, made in La Perla de Cádiz, Chano Lobato... Esencia de El Barrio de Santa María al que Selu transportó al público catalán, muy identificado con el sentir y el cante andaluz que en aquel rinconcito tiene una de sus cunas. Y, por si fuera poco, también se arrancó por tangos al rescatar el famoso popurrí 'Historias de Sevilla' que tanto éxito le reportó cuando lo cantó, precisamente, en el Palau de la Música Catalana hace ya casi una década. El gaditano sorprendió, además, con unas sevillanas dedicada a los emigrantes residentes en Catalunya, a los cuales invitaba a volver al Sur y a no perder el acento andaluz. La palabra “Olé” se quedó corta en aquel momento; los aplausos no eran suficientes para aclamar un guiño y una provocación en toda regla. Estaba claro que la multitud no se confirmaría con dejarse llevar sólo 'Pa' Madrid'; Selu había tocado la fibra, había asomado a miles de personas al balcón de la vieja Andalucía y tenía que acabar de describírsela y hacerles imaginar que estaban allí, en medio de un pueblo hecho de cal, del campo, de las playas y disfrutando de El Barrio, de su "aje", de su espontaneidad y de su esencia irremediablemente flamenca.

Recta final con un inicio de 'El raro'' de infarto en el que Juani de la Isla acaparó la atención y desató palmas al compás, nuevamente, de tangos. A su amigo Selu “le llaman el raro”; al de San Fernando le podrían llamar perfectamente “el manco”. Después, '¡Imposible, pisha!' y últimos coletazos de rock andaluz para empezar a rematar y fin de fiesta, como no podía ser de otra forma, con uno de los temas más esperados y tarareados en las colas antes del estallido de emociones que supuso el concierto: 'Pa los flamencos'. Barcelona no dudó en quitarse el sombrero ante la magnífica actuación de El Barrio y sus músicos, pero algo se le quedó en el tintero al poeta. Un tema en concreto se erigió como banda sonora de la caravana de coches que intentaban abandonar el recinto y dejar atrás una noche histórica como la montaña donde tuvo lugar la obligada cita de El Barrio con su fiel público catalán. Se olvidó el gaditano de que, como él, aquí muchos se despiertan con Paco de Lucía y se acuestan con Camarón porque, a parte de El Barrio, les gusta “todo lo que suena de buen color”. Se le pasó al Señor del Tiempo hacerle llegar un beso a Morente desde Barcelona, elevar su reflejo al cielo... Aunque cabe destacar que acertó entonando aquello de “Carmen le dijo a Sabicas: 'Tócame para bailar' […] Carmen le dijo a Sabicas: 'Tócame por soleá'”. Muy cerquita de allí se inició Carmen Amaya en el baile, convirtiéndose en referente del arte en general y consagrando a la Ciudad Condal como escala obligatoria para todo aquel que pasee el flamenco en cualquiera de sus formatos y/o adaptaciones.

Texto: Miriam Martín Ramos
Fotos: El Barrio Oficial en Facebook (www.facebook.com/ElBarrioOficial)

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