El Cabrero, auténtico flamenco rock star del pueblo

"Mariana, sin trololo". Éstas fueron las primeras palabras de El Cabrero, con Rafael Rodríguez y su guitarra a la izquierda, en la noche del pasado domingo 31 de julio en los Jardines de Sabatini de Madrid, dentro de la programación del festival Veranos de la Villa.

Honestidad brutal, como un Doctor House, aunque con algo más de timidez. Así es un recital de El Cabrero, directo, auténtico flamenco rock star del pueblo. Aquel que año tras año sigue agotando el aforo de por donde pasa, con una gran legión de seguidores para un artista que trasciende al flamenco para ser un fenómeno social similar al de las estrellas del rock. Con una peculiaridad, en El Cabrero no hay grandes estrategias de marketing, todo es tal como se ve. El triunfo de la coherencia en paralelo al paso de los años.

Después de la mariana, una serrana, De Cabrero A Cabrero, el tema que abre el disco que esta noche se presentaba, Pastor De Nubes. Con aires de milonga llegó el cante que da nombre al disco, antes de llegar a los primeros fandangos de la noche. "Una buena esquila te lleva al mulo" dijo El Cabrero, precisamente las ya míticas letras por fandango del artista consisten en una esquila social. Precursor desde hace décadas de los movimientos en busca de la democracia real, los momentos por fandangos en sus actuaciones se convierten siempre en una auténtica revolución, con un público que va desde los niños hasta nonagenários.

En esta noche madrileña, después de cada letra de fandango, se encendían las luces cegadoras iluminando a un público que se ponía de pie para gritar sus oles, ovacionar, e incluso mostrar sus pancartas y banderas republicanas. Letra, revolución del público, y falseta, esta es la secuencia durante los fandangos. El momento resultaba más significativo si tenemos en cuenta que de frente al público, a espaldas del cantaor, se situaba el Palacio Real.

"Si se calla el cantor calla la vida, porque la vida misma es todo un canto", así comienza el popular tema del argentino Horacio Guarany que ahora versiona El Cabrero por bulerías, un tema al que, según nos contó, ha añadido "tarasca flamenca".

Después de unas seguiriyas, que incluyeron ovaciones para la sonanta de Rafael Rodríguez, uno de los mejores acompañantes de la guitarra flamenca actual, otra vez a formarla por fandangos, para continuar con unas bulerías con letras de Borges.

Carcelero, zambras por Caracol antes de las presentadas como "semblanzas al macho montés", una bulería de estilo único e intransferible en la que aborda la sexualidad de las cabras para establecer un retrato campestre de la serranía entre metáforas sobre el sentido de la vida. Por letras del salmantino Marcos Ana, aquel que fue el preso político de mayor permanencia en cárceles franquistas, continuó el asunto por tonás. Para intentar cerrar la actuación, porque aquello hubiera durado las horas que El Cabrero quisiera, los esperados fandangos alosneros.

Pero el público quería más, solicitaba la imprescindible luz de luna, así que José y Rafael regresaron al escenario para realizar las bulerías que no pueden faltar en un concierto de El Cabrero. Al finalizar, más de un centenar de personas se dirigían a las puertas del backstage para conseguir una fotografía o un autógrafo por parte del artista, que no se fue de los Jardines de Sabatini hasta asegurarse de haber atendido personalmente durante el tiempo que hiciera falta a todo el que lo quisiera. Esa es una de las principales razones para el mito, hace décadas que El Cabrero es más terrenal que la propia tierra.

Texto: Jacinto González



 

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