La Chana, una bailaora de película

  • Publicado en Reseñas
La Chana, una bailaora de película

Durante estas semanas, la película de Lucija Stojevic sobre La Chana se proyecta en salas de cine de diferentes ciudades españolas.

Suele suceder. En las escobillas, normalmente los seres humanos dan más importancia a las combinaciones de tacón, planta y punta que a la percepción musical de la interpretación. Intentar interpretar, estudiar o catalogar una escobilla dando casi toda la importancia a las posiciones de los pies, cuando en realidad toda esa técnica debe estar al servicio de un resultado musical, un destino sonoro más importante aún que lo bonito que resulta ver una escobilla. Porque eso es importante, La Chana resulta necesaria. Ella es única, casi imposible de imitar, ella creó un mundo propio de cosas, en el que la técnica de las escobillas no es necesariamente más compleja que en el caso de cualquier bailaor o bailaora profesional de alto nivel, pero con un control sobre el resultado sonoro no habitual en los intérpretes de baile flamenco. Del mismo modo que un baterista calculando no solamente dar con la baqueta al platillo, también con que intensidad para provocar un resultado concreto. En realidad asunto importante es, debido a que una escobilla siempre será un asunto principalmente musical, más allá de lo visualmente estético. El gran asunto de La Chana no está en la complejidad de la escobilla, siendo una intérprete de espectaculares complejas escobillas. Es el resultado sonoro, la creación musical percusiva. Es curioso que, con lo que se han desarrollado esas cosas en el mundo del cajón flamenco en solo cuatro décadas, no haya habido tanta evolución de la escobilla en el baile desde esa perspectiva, situando el asunto como elemento musical. Por eso es precisamente que La Chana pasará a la historia, todo ser humano que baila cosas flamencas tiene cosas que aprender de esta señora de L'Hospitalet.

Los grandes escenarios estadounidenses estuvieron preparados para ella, destinada La Chana a ser uno de los diez o quince nombres más grandes de la historia del flamenco a nivel mundial, pero alguna mente muy cerrada y oscura lo impidió. Cómo debe haber sido de intensamente complicada la vida de una persona si cuenta grandes momentos dramáticos con cotidianidad, Antonia cuenta lo que sucedía en dos de sus costillas como si narrase que se encontró a una vecina en el supermercado. Es de agradecer a Lucija Stojevic haber sabido tratar ese tema con cuidado, de forma que de manera rotunda quede claro por qué actualmente La Chana no es una estrella de popularidad mundial, pero sin convertir esa historia en una morbosa tragedia. No hay intención de dar pena, sí mucho de mostrar un ejemplo de superación personal, y celebrar que ahí tenemos a La Chana, está viva y accesible, podemos aprender cosas de su arte y experiencia. La Chana hace paellas, tiene un pijama rosa, y además también tiene un marido que cuando a ella se le ocurren cosas, él sin apenas decir nada mira con cara de mensaje. A él le preocupa que pueda afectar a sus rodillas volver a los escenarios. Pero ella dice que si molesta la rodilla, se toma una pastilla. Con el sufrimiento que hubo en esa vida, ella solo nos muestra sufrimiento cuando ve a animales mordiéndose en documentales de La 2.

A través del documental somos testigos de aquel encuentro de La Chana con Peter Sellers, quien se la llevó a Roma para bailar en la película The Bobo, o aquella gran noche en el programa de Íñigo en Televisión Española, otoño de 1977 en directo desde el Florida Park de Madrid. Tremenda actuación en Esta Noche Fiesta con muchos asuntos analizables, como los aciertos del realizador en aquel baile, seguramente asunto de Fernando Navarrete. Resulta curioso que, teniendo en cuenta que la realización audiovisual del baile flamenco casi siempre ha sido aleatoria incluso en programas y formatos flamencos, sucediera una realización tan acertada en un programa generalista de emisión en absoluto directo. Cuando Íñigo daba a conocer a lo grande a La Chana ante España en aquel formato que, en menos de dos años, sirvió también para presentar a Miguel Bosé, que Tony Leblanc se comiera una manzana, la Carrá presentase su Fiesta, y que Lola Flores perdiera su pendiente. En la película podemos ver tanto esta actuación en Televisión Española como las alegrías en The Bobo.

VÍDEO: La Chana, de Lucija Stojevic

La Chana, el documental sobre la bailaora dirigido por Lucija Stojevic, estos días en salas de cine españolas.

aireflamenco.com on viernes, 24 de noviembre de 2017

Totalmente acertada en toda la película, Lucija no propone el típico biopic, ni el habitual documental. Su fórmula audiovisual coge el lado bueno de los formatos factual show de televisión, lado bueno que existe, para encaminarlo hacia una historia atractiva que engancha. El poder de La Chana como personaje se combina perfectamente con la estructura de Lucija, consiguiendo crear un acertado producto audiovisual. Los principales canales de televisión privada deberían estar compitiendo entre ellos para conseguir los derechos de emisión de esta película. Es una bomba que en prime time, ante audiencias masivas, generaría memés para muchos años, multitud de conceptos trending topic en Twitter. Pero, y ahí está el gran asunto, sin ser por ello un producto superficial y banal de consumo efímero, hay mucha profundidad conceptual en esta película, muchos momentos para recordar, escenas de necesaria conservación en el futuro como parte de la historia del flamenco.

Hay algo tan interesante como la musicalidad en la escobilla para aprender de La Chana. Es un asunto de actitud. En este tiempo, cuando muchos que bailan se preocupan demasiado por el postureo, el reparto de coba y el arribismo con pretenciosidad, vemos un contraste curioso en La Chana. Por una parte, vemos a alguien que se preocupa bastante por cómo saldrá vestida al escenario, cómo será su maquillaje, cuidar la puesta en escena. Por otro lado, es la misma ser humano a la que no le importa que en la película veamos su pijama rosa, sus sofás orejeros... La Chana es sofisticación y cotidianidad a la vez. Es maravilloso cómo responde ante cualquier asunto, sin pensarlo, con un carácter muy auténtico. Transmite una personalidad tan verdadera, que con ayuda de Lucija traspasa la pantalla, el espectador puede olvidar que está viendo una película. Como espectador llegas a creerte que estás en su cocina preparando con ella una paella, mientras una perrita da saltitos entre La Chana y tú. Lucija Stojevic crea poesía audiovisual con el poético mundo de La Chana. Una película inolvidable.

Por Jaci González

Etiquetas La Chana