La grandeza flamenca de María Terremoto en la gala de Miguel Poveda

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La grandeza flamenca de María Terremoto en la gala de Miguel Poveda

Hay momentos flamencos tan revolucionarios que merecen una reseña por sí mismos, más allá de la posible reseña del concierto en general. Como lo de María Terremoto en la gala de Miguel Poveda en el Liceu de Barcelona.

Luz en los balcones del futuro del flamenco. Recuerdo cuando hace algo más de año y medio, el gran Manuel Valencia se llevó a una de las varias ocasiones que se realiza cada año la Noche Flamenca de Campanario a María Terremoto, Jesús Méndez, Felipa la del Moreno y Rafael El Zambo. Cosas buenas. En aquel momento, María Terremoto resultaba prometedora, interesante. El tiempo va pasando y su evolución está siendo tremenda, ya era grande su cante pero ahora es más, como ha podido comprobarse en la gran gala que Miguel Poveda organizó esta semana para recaudar fondos destinados a la lucha contra el cáncer, en el Gran Teatre del Liceu de Barcelona.

La combinación jerezana de conceptos flamencos en María es perfecta. En ella reside ese carácter que su abuelo sabía transmitir cuando cantaba por seguiriyas, combinando el sentido "reconcentrao" con elegancia entre clara denominación de origen, características que supo llevar adelante su hijo, el padre de María, enriqueciendo todo eso con el factor de creatividad a través del que Fernando sabía ampliar los terrenos jerezanos sin dejar nunca de ser identificable el concepto Terremoto. Una de mis noches flamencas favoritas fue cuando organicé un concierto de Fernando hijo en Madrid, hace una década, pocas veces he visto tanta grandeza cantaora como concepto. María recoge todo eso, lo grande tanto de su abuelo como de su padre, sabe y puede, y también evoluciona, honrando a cómo su abuelo y su padre supieron ser esenciales y a la vez hacer evolución inteligente, María está sobradamente a la altura de las difíciles circunstancias de llevar Terremoto en su nombre artístico. Se evidencia porque a la vez hay algo en ella que recuerda al lado paquerista de las cosas, aquel concepto que hace más de quince años me llevó a viajar por España para ver y escuchar lo más posible a La Paquera con Parrilla, en todo tipo verbenas y festivales flamencos. En apenas unos minutos, María Terremoto demostró hace unos días, gracias al espacio que le ofreció la generosidad que siempre caracteriza a Miguel Poveda, que ella puede ser representativa en la primera división del flamenco, es justo y necesario que ella pase ya, por joven que aún sea, a ser referencia máxima. En ella reside un arte tan increíble como inimitable, asunto godible.

La gran evidencia, irrebatible, de María Terremoto sucede exactamente en un momento curioso en la "industria" del flamenco en España. Durante este momento actual de la caída del sistema, ruptura definitiva de la burbuja, ese sistema de cosas en el que todos creyeron como si fuera cuestión de fe religiosa durante las últimas tres décadas. Es decir, la caída de aquello que todo el sector del flamenco en España creyó que eran las metas y los procesos, lo cual era inevitable. Ahora, este momento en el que prácticamente todos van a comenzar desde cero, y se impondrá solamente aquello que sepa adaptarse a las características de cualquier industria cultural que aspire a ser global, puede ser el gran momento para que María Terremoto se sitúe como gran referencia. En ella, ahora mismo, todo dependerá solamente de que aquello que le rodea sepa trabajar convenientemente, para que a través de la construcción de branding provocar un engagement creciente cuya consecuencia derive en que el ROI de su marca cada vez resulte más positivo para los promotores inversores, en el paradigma de mercado libre comercial al que la "industria" española del flamenco ahora estará obligada a adaptarse, muy diferente al sistema anterior. Solamente en eso, su sistema, estará la clave para que ella sea o no sea a medio plazo una de las diez principales artistas del flamenco a nivel global, la artista perfecta ya sucede, pendiente solamente queda ver cómo será la evolución de su sistema en los próximos meses y años, saber si María alcanzará estratégicamente a medio y largo plazo un resultado a la altura de su gran potencial, a través de los caminos certeros del inbound marketing para a compás del tiempo generar leads convenientes, en los targets de interés, de la misma forma que ella cantando sabe ligar tercios con precisión. Porque la base ya existe, una base redundante en forma de una artista increíble con propia personalidad, inimitable, con una serie de asuntos que ella puede ofrecer como nadie. Lo que María Terremoto pueda poner de su parte ya está hecho, hay un X Factor único y propio de ella, demostrable e indiscutible. Ella es ilimitada en su grandeza escénica. María Terremoto es una inconmensurable artista flamenca de inmarcesible grandeza tan evidente como indiscutible. Todo dependerá solamente de cómo evolucione aquello que esté a su alrededor.

Texto: Jaci González
Imagen: momento de su actuación en el Liceu de Barcelona, por TVE