José Mercé convence al público de Inverfest

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José Mercé convence al público de Inverfest

Más de 1.600 personas ovacionaron al popular cantaor jerezano José Mercé al finalizar su concierto en el festival Inverfest, el 19 de enero en el Teatro Circo Price de Madrid.

Con más de cuarenta años en los escenarios, José Mercé demostró sobre el escenario del Teatro Circo Price estar por encima de toda posible valoración sobre su arte: él directamente convence. Sí, quizás pudo ser un golpe de suerte cuando fue "el elegido" en aquella operación de Virgin para encumbrar a un cantaor líder de público, pero dos décadas después de aquel momento sigue sabiendo mantener aquella circunstancia del destino. Él controla bien el asunto que menos controla el artista español promedio: saber hacer permanecer en el tiempo un golpe de éxito. El pelotazo puede llegar o no, pero más difícil es mantener durante décadas una posición que alcanzar esa gloria. José Mercé lo consigue, cuando van a cumplirse veinte años de aquel Del Amanecer, dieciséis años después de Aire, al pasar una década de aquella revalida que fue Lo que no se da.

José Mercé convence al público de Inverfest

Por zambra una Salvaora para entrar en escena, pasando a continuación al momento de demostración de largura. El concepto elegido fue una larga tanda de cantes por soleá, bien complementado por Alfredo Lagos, quien con su sonanta realizó ese toque esencial necesario para acompañar el cante. Por virtuoso que sea Alfredo, cada asunto entre las seis cuerdas tiene su momento, y él sabe medir esa circunstancia, esa gran diferencia conceptual que hay entre la guitarra solista y el toque para el cante. Momentos muy flamencos en letras que pasaron por estilos jerezanos, las cuevas de Alcalá y llegaron a Triana con la soleá grande de La Andonda. Después, el cantaor jerezano supo ir acertadamente hacia Cádiz a través de los terrenos de Enrique El Mellizo, interpretando muy fiel al original concepto gaditano una granaína de temple, para a partir de ahí lanzar la malagueña doble, esa solemne melodía que lleva en su carácter aquellos sonidos religiosos que El Mellizo escuchaba en la casa del Greñuo, la iglesia del barrio Santa María. El recital continuó por fandangos, donde no faltó la imprescindible letra dedicada a su hijo Curro, y así se cerró el acertado bloque de cante flamenco tradicional con el que comenzó el concierto. Ahí quedó eso, y partir de ahí, como si quería cantar y bailar el Aserejé.

"¡Que pase mi gente!". El público habitual de los conciertos de Mercé sabe lo que quiere decir esta frase, desde hace muchos años. En esta ocasión con una banda nueva, bien conjuntada, que Mercé supo aprovechar para hacer cosas de su nuevo álbum Doy La Cara, aunque en el repertorio tuvieron algo más de peso los greatest hits de su trayectoria. De esta manera, llegó el secretismo sabinero con ese bulevar de versos en el que reside Chavela, el recuerdo al trianero trío de Jesús de la Rosa, Rodway y Telesforo, con aquella historia de noches de frialdad en el juego de la vida, las frases con las que Víctor Jara narró el último encuentro de Amanda con su amado Manuel, el breve espacio que con arte definió Pablo Milanés a través de la silueta dibujada en una cama... Y una gran pregunta ¿Por qué el público suele recibir tan festivo los versos de Al Alba sobre la pena de muerte en dictaduras? ¿La gente tiene conciencia del argumento que supo contar Aute magistralmente con metáforas? ¿Los seres humanos asimilan los mensajes que residen en las letras de los versos?

Con la rumba La Vida Sale se llegó al momento más alegre de la noche. José Mercé consiguiendo que todo el Teatro Circo Price de Madrid fuera el escenario de su concierto, el público cantando y bailando con la banda y él, quien también bailaba, rematando por bulerías la fiesta de Mercé, donde hubo de todo para todos, por un artista popular que humildemente se permite (y puede, que es lo importante) estar por encima de muchas cosas.

Por Jaci González
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