El gran acierto flamenco gaditano de David Palomar

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Denominación de Origen es el nuevo álbum de David Palomar, disco cuyo repertorio se presentó por primera vez la tarde del domingo 22 de febrero en la Sala Paúl de Jerez de la Frontera.

Del mismo modo que bajar Sagasta de San Francisco hasta La Viña, o subir Sacramento de Candelaria al Mentidero, puede servir para analizar de forma transversal la sociología gaditana a través de estratos conceptuales, el asunto de la Denominación de Origen de David Palomar realiza un recorrido por las diferentes perspectivas espacio temporales del cante flamenco gaditano.

Siete de la tarde, una gran cantidad de personas que querían estar en el concierto pasean por las calles de Jerez, fue imposible que todos pudieran ser testigos del asunto, antesala de la gran noche que sucederá en el Gran Teatro Falla de Cádiz el sábado 16 de mayo. La Sala Paúl se queda pequeña para un espectáculo así. Muy pequeña.

Posada del Mesón, el Callejón del Duende, Casa la del Almirante... Recitando aquellos versos del disco viñero independiente en aquel Bujío, creando una línea de continuidad argumental con sus propios pasados, queda claro que David parte de aquello para viajar hasta el actual retrato que realiza del cante gaditano. Y de que manera.

Tres sonantas de lujo. Ese Rafael Rodríguez 'Er Cabesa', que va más allá de ser buen tocaor de esencias antiguas como por ahí dicen. Es un músico que sabe cómo tocar situando en el 2015 esos conceptos de otras décadas. No se trata solo de saber hacer recordar cosas. Parece que es lo mismo, pero es distinto. Él siempre ha ido por delante, por muy antiguo que parezca que suene lo suyo. No es ser antiguo, él nunca ha sido antiguo, él es quien sabe cómo trasladar conceptos de otras décadas a este momento. Es distinto. Ese José Quevedo 'Bolita', el guitarrista flamenco que fluye, el que ha sabido equilibrar ser cuerdas de Jerez en todo momento, con mirar a Jerez desde fuera, que podría ser perfectamente un músico de un quinteto de jazz noruego, pero él siempre muy Jerez de todos modos. No es fácil eso, una sonanta totalmente identificable con concepto jerezano, pero que suene universal. Eso es en realidad José Quevedo 'Bolita', lo que se escucha en su disco Fluye y lo que se escucha cuando hace cosas con David Palomar. Sería injusto y no completo decir que él da el toque "moderno", en plan "Rafael Rodríguez fue para lo clásico y Bolita para lo más moderno"... ¿Se puede ser en realidad más 'reconcentrao' que lo que hizo Bolita para dar paso al cante por levante en esta tarde? Y al mismo tiempo tan universal y adelantado. Sería muy fácil, ligero y superficial decir que Er Cabesa representaba 'lo antiguo' y Bolita 'lo moderno'. Es más bien que Rafael sabe traer lo antiguo al día de hoy y siempre desde más adelante que hoy, y que Bolita inventa lo de mañana, pero siempre trayendo conceptos del sonido de ayer. Esa es la realidad. Además, cosa que no es casualidad, los dos metidos en la misma película palomarista. Los mismos dos guitarristas que son los que, aunque todavía no se ha dicho mucho, son seguramente quienes se quedan al cargo como principales al frente de la nave de la sonanta, cuando ya se ha ido el líder e insustituible del asunto, y el otro ya decidió retirarse. La vida tiene que continuar, aunque el único e inalcanzable ya no esté, y el otro decidiera retirarse, hay que asumirlo. En esos dos puede estar la clave de la próxima sonanta. Son muchas las razones para tardar una semana en contar cosas, porque supone decir asuntos delicados, pero ciertos. No se puede abordar el concierto de David Palomar en tres párrafos a la ligera. Ahí sucedían demasiados conceptos a la vez.

Decir estas cosas sobre Bolita y Rafael no puede ser hacer de menos al otro guitarrista, Jesús Guerrero. Claro que no. Él sabe y puede estar ahí de sobra, que no es fácil estar ahí con Palomar, y compartiendo escenario más que dignamente con los dos monstruos de referencia actual, hay que ser mucho, valer mucho, para atreverse a estar ahí. Jesús puede estar ahí, que maravilla más grande el arte de sus dedos haciendo cosas sobre esas cuerdas, cómo le suena a esencia gaditana esa sonanta al cañaílla cuando aborda las cantiñas. Eso es todo un concepto grande. Jesús Guerrero ya es mucho y más que será.

Entonces, coge David Palomar, sale al escenario recitando aquellos versos de cuando estableció que La Viña es un cantón independiente en los mundos Hermida, así de entrada, a continuación se pone a cantar por bulerías metiéndonos en asuntos 'reconcentraos' gaditanos ya del tirón, primero unos momentos por territorio jerezano, y luego del tirón a Cádiz, un momento por lo Cornejo y rematando en los conceptos que Rosa La Papera y Manuela La China transmitieron a Antonia Gilabert Vargas, para que luego ella lo cantara en los escalones que hay a la trasera de la cochera frente a las Puertas de Tierra, junto a la murallita de San Roque en Santa María, y ya tenemos la tarde hecha. Del tirón. Vamos, que hasta Roberto Jaén y Anabel Rivera con su soniquete nos hacen recordar que existió Curro La Gamba con sus cosas, así estaban ya planteados los conceptos y esto solamente había empezado. Solo llevamos un momento en la circunstancia y ya está la tarde hecha, que cosas. David Palomar es como si fuera un Spiderman de la bahía que lanza del tirón su tela de araña y sabe atrapar al público y las cosas desde el primer momento. Claro, es que él es tan Cádiz que va más allá de ser gaditano, resulta tan peculiar y único como la piedra ostionera de color negro, que es una rareza curiosa pero existe y evidencias hay.

Es fácil leer desde hace años sobre que Palomar encarna la gracia de Cádiz, y todas esas cosas típicas tópicas. Lo cual no deja de ser cierto. Pero... Los tópicos, venga, que Cádiz parece que solo puede ser graciosa. Es muy pesado recurrir siempre a esos tópicos, que parece que en Cádiz solo han surgido tanguillos, alegrías y bulerías, y que eso es David Palomar. Cuando no se puede ser más largo que Palomar, ni más largo y fundamentado que el flamenco de Cádiz. El mundo real y la historia indican que Cádiz es punto de origen de mucha malagueña, mucha seguiriya, mucha soleá esencial. Es una verdad, solo hay que investigar y escuchar para darse cuenta. Así que ahí se quedan ahora David y Rafael, solos en el escenario, para hacer cosas por seguiriyas.

Ahí los dos, solitos, por seguiriya. Que sonido y sentido desde Jerez para derivar hacia la bahía. En estos tiempos, que estamos acostumbrados a que los cantaores sean muy teatrales en ese lado, que se montan una tragedia teatral artificial para cantar por seguiriya, que eso viste mucho parece ser, eso que termina resultando efectista en busca del aplauso despistado. Creo que pocas veces he visto hacer seguiriyas al estilo curioso de esta tarde. Sonar esencial y sincero, desde dentro hacia afuera, jondo, 'arremetío pa dentro' para soltar todo, pero sin esa teatralidad trágica que parece ser habitual en estos tiempos. Esa teatralidad que en realidad resulta cómica, ya sabéis, eso. Beautiful awesome seguiriya para el cronista o el aficionado que quiere un teatro artificial, que pesado y antiguo a estas alturas. Pues David ahí cantando seguiriyas por derecho, el sonido de la bahía, sin sobreactuarse, sin repartir coba con el cante, con Rafael al lado, el más propio para terminar de conseguir ese resultado, ojalá esto fuera más común cuando a los seres humanos les da por intentar hacer cosas por seguiriya.

David Palomar, con ese microfono inalámbrico agarrado a la oreja que le puso Chipi Cacheda, ese mismo concepto de micrófono que incorporaron Madonna y Michael Jackson al pop a finales de los ochenta, ese mismo. Así tal cual, para decir y recordar cosas sobre Chano Lobato. Él, que tiene cierto asunto Chano en la forma y muy Mariana en el fondo, con un punto Beni entre la forma y el fondo. Ahora ese garrotín muy a lo Lobato, que se va a cantes del malagueño Rafael El Piyayo y unos tangos trianeros. Que habilidad para resultar gaditano sonando a Triana, pero siendo Triana, es lo que tiene.

Un tema elegante por bulerías, la rumba a lo conceptos Chano... Que cosas. Un recuerdo por sevillanas de arte para Caracol, Lola, Camarón, escenificando con el baile de Maria Moreno. Cómo cuida David los asuntos teatrales, artista él. Es eso, lo que dije antes. No hay que ser teatral cantando, hay que saber ser teatral para presentar el cante. Que no es lo mismo. De que manera enlaza haciendo lo que los coreógrafos denominan adelante en diagonal a la derecha, para coger el capote, torear al tiempo, y meterse del tirón al terreno de las cantiñas. Como ese toro que resopla, escarba y se arranca... Soniquete. Esa construcción rítmica gaditana sobre el compás que no es mejor ni peor, pero sí característica única de Cádiz. Arte. Y casi que no hay palabras para definir esas cosas. Hay que verlo.

Ahora a quedarse solamente con José Quevedo 'Bolita', que elegancia de sonanta, a meterse por terrenos mineros, cante de levante, para rematar por fandangos para ovaciones. Esa soleá dedicada a Ramón Jarana con Rafael, que tu les estás escuchando Cádiz pero a mi me hace recordar ese momento de la vida, aquella tarde en Utrera, Fernanda en su casa cantándome bajito al oído por soleá. Vale, la escena no tiene en apariencia mucho que ver con eso, pero sinceramente yo recordé ese momento. Por algo será. Algo de fernandismo tenía el concepto. Sale María Moreno, baila cosas bien bailadas. Creo que estos momentos y la seguiriya es de lo mejor de la tarde.

Tanguillos, no podían faltar, la bulería de las cuarenta novias que abre el disco, el público de pie ovacionando mucho, como era obvio que sucediera. Y surge ese momento mágico. David Palomar se queda él solito en el escenario, el arte de la iluminación de Antonio Valiente consigue esa luz especial y única que tiene La Caleta en la puesta de sol. Esa luz que es como lo que en el cine denominan hora bruja, pero que en La Caleta tiene un componente extra especial. David con esa nana caletera. ¿Cuál es el futuro que aguarda a esos niños de ahora? ¿Qué les podemos ofrecer? ¿En qué mundo han aparecido? David se sitúa en la arena, frente a las barcas, junto al balneario, para preguntar cosas a la luna cuando está despidiéndose el sol, y aunque le rodea el mejor paisaje que la humanidad pueda imaginar, es obvio y lógico que se haga esas preguntas. "Que pena de mi niño, el mundo que le ha tocao vivir". El sentimiento entre la realidad y la realidad entre el sentimiento, entre la belleza conceptual y el miedo por el posible futuro, entre la esencia y la coherencia. Es tanto el concepto, y tan fuerte el asunto, que hasta cierta casualidad quiso que el centenario faro del Castillo de San Sebastián comenzara a iluminar la playa con su habitual cadencia. Con su ida y venida de luz entre el océano y la terrenal realidad. Ese contraste, la máxima belleza posible, ese agua que se mete entre las piedras, esas barcas al compás del agua, entre la humedad oceánica que trae el viento de poniente, las dudas de la vida, la máxima y absoluta realidad planteada justo en el paisaje más bello y perfecto que pueda conocer la humanidad. Que contraste de cosas y conceptos. David siendo más viñero que La Viña, más caleta que La Caleta, más flamenco que el flamenco, más arte que el arte, más realista que la realidad. David preguntándose cosas lógicas y obvias sobre el futuro. David siendo Denominación de Origen. David siendo el tiempo. David siendo el flamenco. David consiguiendo ser David Palomar. No hay más allá.

Por Jaci González

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