Miguel Poveda, arteSano de la gloria a la leyenda
Pasaban pocos minutos de las nueve la noche del 23 de abril cuando Miguel Poveda apareció sobre el escenario del Palau de la Música Catalana. No podía ser más significativa la fecha en la que finalmente presentó su nuevo disco, 'arteSano', en Barcelona. No podía ser más emblemático el lugar escogido. No podía ser más acertado el detalle de vestir americana y chaleco granates en la Diada de Sant Jordi, celebrada en Catalunya en honor a su patrón. Cuenta la leyenda que el caballero venció con su espada al dragón que amenazaba a su pueblo; de la sangre que brotó, nació la rosa roja que le regaló a su amada princesa...
Cual valiente caballero, Miguel inició su recital con valentía y decisión. Como única arma, una garganta prodigiosa con la que entonó un cante por soleá apolá a la 'Con-vivencia' y a la libertad. Su fiel escudero y compañero de “batallas”, Juan Gómez 'Chicuelo' empuñaba una guitarra que hizo sonar con maestría y con la que se unió a esa primera declaración de intenciones: «Aquí lo que convenía es que nos diéramos las manos y convivamos en la vida». El público, dándose por aludido, respondió con una fuerte ovación que se iría repitiendo cada pocos minutos a lo largo de las casi dos horas y media de concierto. Seguro que Marchena, Mairena y los demás maestros oyeron los ecos de unos quejíos que debieron resonar en el particular firmamento de un gran aficionado al cante como lo es Miguel Poveda.
A partir de ahí, el cantaor emprendió un viaje por el cante y por el tiempo. Se atrevió con todo tipo de palos: desde la malagueña a las bulerías de Cádiz, pasando por los tientos, la minera y el fandango. Rescató a la Niña de los Peines, a la Perla de Cádiz y a Doña Concha Piquer por 'coplerías'. Tuvo muy presentes a Morente, a Chano, a la Paquera... Todo ello, acompañado por un elenco de grandes artistas: 'Chicuelo', Manuel Parrilla, José Quevedo 'Bolita' y Jesús Guerrero al toque; Luis Cantarote, Carlos Grilo y El Londro al compás y los coros; y Perico Navarro y Antonio Coronel a la percusión. Los guitarristas se irían alternando y acabarían demostrando que, entre otras cosas, 'arteSano' es un maravilloso tributo a la guitarra.
Por su parte, la bailaora malagueña, Susana Lupiáñez 'La Lupi', interpretaría el papel de “princesa”. Irrumpió por alegrías de Cádiz y con su bata de cola emuló el mar de la Bahía; con sus brazos dibujó las gaviotas y en, definitiva, le puso color al arte tan sano que derrocha Poveda. Juntos protagonizaron los momentos más alegres de la noche, que confluyeron en los tangos 'Triana, puente y aparte'. Miguel no pudo evitar saltar de la silla y «bailar la rumba con la pata atrás». La Lupi le daba coba, él se dejaba llevar por el magnífico toque de un joven pero talentoso Jesús Guerrero. Y en época de Feria de Abril, no podían faltar las sevillanas. Gesto cortés el del cantaor al interpretar las dos primeras de cara al público que le cubría las espaldas. Las otras dos las bailaría con gracia la artista invitada y las palmearía con júbilo un público extasiado.

Pero también hubieron momentos más solemnes, entre los que cabe destacar le ejecución de unas seguiriyas tan desgarradoras como impecables. Miguel Poveda cayó por un momento a un «pozo hondo y sin soga», lamentándose al compás de la excelente guitarra de Manuel Parrilla. Juntos emocionarían a los allí presentes, incluida la familia Poveda, que asistió al sentido homenaje que el artista le rindió a su padre, fallecido recientemente... Con la 'Nana de los rosales', el de Badalona intentaría empezar a dormir al cante; la Lupi, con su danza, le ayudaría a acurrucarlo. La de Miguel es, sin duda, «la voz que mece el cante» y con maestría lo llevó de más a menos en cuanto a intensidad. Pero los aplausos lo despertaron y, lleno de energía, remató con 'El Alfarero'. Como si de una típica bodega de Jerez se tratara, los músicos se montaron una fiesta que se prolongaría durante media hora más.
En los bises, el exquisito 'Cant dels ocells'' y, por supuesto, 'coplerías' made in Poveda: 'Esos cuatro capotes', 'La Salvaora', 'Los tres puñales', a capella, sin complejos y con autoridad. “Pataíta” por bulerías incluida y músicos y público en pie, absolutamente entregados y rendidos a sus encantos, a su arte. Guiño a la canción popular andaluza y catalana, comunión de culturas, ademanes de un caballero del cante que no sólo hace gala de un dominio indiscutible -y seguramente inigualable-, sino también de una amplitud de miras en lo que respecta al Flamenco. Algunas rosas cayeron sobre las tablas. San Miguel Poveda, a cambio, entregó su alma. «De aquí a la Gloria», aseguró algún aficionado. El cantaor catalán ya la está saboreando -la crítica, las cifras, los premios y el reconocimiento le avalan- y, como no podía ser de otra forma, la está compartiendo con la tierra que le vio nacer y a la que también tiene «embrujada por su cantar». Próxima cita en la Ciudad Condal: 23 de diciembre, también en el marco del próximo De Cajón! Festival Flamenco de Barcelona. Cambio de ubicación: Gran Teatre del Liceu. Por lo tanto, de la Gloria a la leyenda.
Por Míriam Martín @menkita_





