¿Para qué debe servir lo que sucede con Megaupload, Anonymous, multinacionales, y consumidores?

Los asuntos que están sucediendo estos días era una historia con un final casi anunciado. Tenía que llegar el día en que sucediera. Lo que nadie se esperaba es que los capítulos del final tuvieran un argumento de película humorística de bajo presupuesto. Pero tiene una utilidad, los hechos y consecuencias quizás sirvan para definir un nuevo modelo de distribución de contenidos culturales, donde todos salgan beneficiados, tanto distribuidores como consumidores.

Usted llega a casa y le apetece ver que hay en la tele, así que coge el mando a distancia del televisor. Tiene muchas opciones, puede optar por todo tipo de programas: un documental, un reality show, una película, un concurso, marujeo absurdo, etc... Consuma usted el Salvame Deluxe de Telecinco o un interesante documental en Discovery Max, hay una característica común en la mayoría de las opciones que se le ofrecen: a usted no le cuesta nada consumir ese contenido, pero el que usted consuma ese contenido es rentable para la productora del programa, y para el canal que lo emite, genera beneficios.

¿Por qué Megaupload era líder en posibilidades de descarga de contenidos culturales? Lo sorprendente es que todavía las grandes empresas de producción y distribución de música y cine estén dando vueltas a la fórmula, intentando posibilidades en su mayoría sin éxito, es una cuestión de lógica. Analicemos. En primer lugar era fácil de acceder, ni usuario ni contraseña, nada de registrarse como usuario si no te apetecía, nada de nada. Acceder y descargar, así de sencillo. Solamente había una pequeña condición para la mayoría de usuarios, si usted no estaba registrado de ningún modo en alguna de sus opciones de pago, se le obligaba a observar durante 40 segundos una pantalla con mensajes publicitarios para que pudiera proceder a la descarga. No valía ni siquiera intentar ver otra cosa mientras, si cambiabas de pestaña o de tarea, el cronómetro se paraba hasta que volvieras a prestar atención a la página de la descarga. Algo así de sencillo hizo ganar una cantidad de dinero enorme al ser humano de extravagantes costumbres que vemos continuamente en los informativos de televisión. Era rentable porque su uso era extremadamente fácil e inmediato en su acceso, aunque al mismo tiempo te obligaba a una pausa publicitaria de 40 segundos.

Lo que la sociedad está pidiendo, en general, no es música y cine que sea gratuíto sin generar beneficios a nadie. Es evidente que la sociedad está reclamando acceso sencillo y gratuíto a contenidos, lo cual no tiene nada que ver con que el sistema de distribución de esa música y ese cine sea o no sea rentable. En televisión, las cuentas anuales de Telecinco o Antena 3 son de cifras bastante potentes, y absolutamente ningún consumidor de sus programas ha pagado ni un céntimo por ver estos canales. Un sistema con esa psicología ha sido en gran parte (que no en toda) Megaupload, solamente que con una diferencia básica: descarga y contenidos de los que no era ni productor ni propietario. Puede verse como un delito, cierto. Pero mientras Universal, EMI, Warner, y Sony insistían en seguir vendiendo CD y DVD físicos y pretendiendo seguir alargando un sistema de negocio que en los noventa fue espectacular pero ya había muerto y es obvio que no tiene salida efectiva, un señor extravagante se inventó el sistema que el pueblo estaba reclamando. Si ese señor fue capaz de hacerlo, creo que cualquiera de estas multinacionales, si hubiera vivido en el mundo real, habría podido hacer algo mucho más sencillo aún y mucho más rentable partiendo desde el inicio con tener muchos más recursos, imagen de marca, y supuesto conocimiento de la industria. Porque rentable es, y con Megaupload se ha demostrado.

Es tan sencillo como una ley elemental del comercio. Venda al pueblo lo que el pueblo quiere comprar. Si usted está ofreciendo aire acondicionado en Alaska y aparatos de calefacción en los Emiratos Árabes, el negocio no es rentable. Pero llegará el momento en el que alguien, sea por lo legal o lo ilegal, coja su aparato de aire acondicionado y lo sitúe en los Emiratos Árabes, y su aparato de calefacción para situarlo en Alaska. Sea con la colaboración de los fabricantes de aparatos o no, sea por lo legal o por lo ilegal. El que tiene frío busca calefacción, el que tiene calor busca frío. Le da igual que el asunto le llegue distribuído por el fabricante original de los aparatos, o sea un tío listo que se ha dado cuenta de que va la película y que quiere el consumidor. Es de lógica que es lo primero que debe plantearse quien monte una empresa, sea para vender microondas, sea para vender fregonas: ¿qué espera el público de mi producto? ¿cómo tiene que ser mi producto y de que forma lo va a adquirir el cliente?. El resto, con la respuesta a estas preguntas, ser ingenioso y ofrecer al público de forma rentable lo que pide y como lo pide. En este caso concreto, está claro lo que pide el público, seamos sinceros. El público pide tener música y cine gratis, de fácil descarga. Le da igual que la empresa que se lo facilite se llame Megaupload, o se llame Universal Music. Lo que se solicita es un producto de unas características concretas, y el que ofrezca ese producto será quien triunfe.

Que parte importante del negocio de Megaupload ha sido lucrarse con contenido del que no es propietario, lo sabemos, pero ¿a qué estaban jugando las productoras y distribuidoras de contenido mientras tanto, sobre todo las más potentes del mundo? ¿A intentar construir una máquina del tiempo, vieron la película de Regreso al Futuro y pensaron que se podía convencer a tanta gente de volver al pasado? Que cosa maś absurda... Es como empeñarse en montar una red de puntos de venta de comida para caballos en las autovías españolas, para que puedan repostar los caballos que sirven como medio de locomoción entre las ciudades. ¡Que ya no hay caballos, que la gente viaja en coches con cuatro ruedas y motor! Va a ser que es más rentable poner gasolineras...

¿Era la solución eficaz cerrar Megaupload? Por supuesto que no. Básicamente porque en las últimas dos décadas (cuidado que ha habido tiempo para ver venir como quiere la sociedad consumir música y cine en casa) cada vez que se ha cerrado el sistema dominante de descargas de música y cine, en tan solo una semana ha surgido un sistema más rápido, más evolucionado, y más fácil de usar. Así pasó con Napster, así sucedió con eMule. Lo inteligente hubiera sido decir: “venga, vale, reconocemos que hemos perdido por catetos y antiguos esta partida de ajedrez, unamos intereses comunes, mejoremos Megaupload desde la legalidad, que parte del beneficio vaya para los autores de los contenidos, por lo cual será mucho más rentable todavía para todos, nos repartiremos unos beneficios impresionantes, y al usuario consumidor le saldrá totalmente gratis como hasta ahora”. Ese hubiera sido el final inteligente de esta película.

¿Qué está sucediendo ahora? Las grandes productoras y distribuidoras no solo verán nacer algún asunto similar a Megaupload en próximos días, además están siendo atacadas en la World War Web, que como ya dijimos el pasado viernes, en realidad no es una guerra, es un tener ganas de ser masoquista, mientras comienzan a surgir iniciativas como #MarzoNegro, en la que se invita a la gente a no pagar por contenidos culturales durante el mes de marzo. Se desconoce en la historia de la industria musical y del cine un movimiento estratégico tan torpe por parte de empresas de producción y distribución de contenidos. Solo queda la esperanza de que el colectivo Anonymous, que siempre se ha destacado por la coherencia y lo moralmente acertado de sus acciones, sepa dejar claro al público que no hay que confundir guerra a la música y al cine como tal, con no estar de acuerdo con el modelo de distribución de música y cine que realizan las empresas más importantes del sector. Que no desprestigie al arte como tal, ya que por suerte esto sucede porque el pueblo demanda música y cine. Si hay algo a desprestigiar, debe ser el catetismo obsoleto de una serie de empresas que vienen del pasado igual que la del anuncio de Neutrex viene del futuro. Es fácil: escuchar al consumidor, para darle lo que quiere como lo quiere de forma que sea un negocio rentable. Se ha demostrado que es posible con la música y el cine. ¿No es más inteligente para este tipo de empresas multinacionales hacer eso ya mismo, más vale tarde que nunca, que situar al grueso de la sociedad en contra tuya?.

Texto: @JaciGonzalez

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