La globalización del flamenco explicada con café

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La globalización del flamenco explicada con café

Como en todo el planeta se sabe, Italia es el país donde se desarrolló la principal cultura del café. Y aunque son mundos muy diferentes los de la cultura del café y el flamenco, hay una serie de paralelismos bastante curiosos, que se explicarán a grandes rasgos, grosso modo, ya que lo importante es pensar sobre la conclusión final.

Los puertos europeos fueron importantes en los desarrollos tanto del café como del flamenco, debido a que los puertos hacían como lugar de encuentro de seres humanos de diferentes orígenes con sus propias culturas. En el caso del flamenco, fueron fundamentales los puertos de Cádiz y Sevilla, los africanos con sus ritmos entraban en contacto con el folclore español, sonidos que llegaban de América e incluso Asia, conceptos gitanos, y varias cosas más, en un territorio concreto. Ahí estuvo el gran asunto: cosas que ya existían se encontraban, se mezclaban, surgiendo los conceptos flamencos. En el caso del café, un árbol africano, de Etiopía, cuyo fruto se encontró con diferentes culturas en el italiano puerto de Venecia, en la primera mitad del siglo diecisiete.

De esta manera, desde el siglo diecisiete, fue en Italia donde se desarrolló la principal cultura del café. Toda Europa, y a continuación otras partes del mundo, desde el siglo diecisiete hasta el siglo veinte, tuvieron a Italia como principal referencia cultural del café. Los baristas italianos son quienes crearon conceptos como el espresso, lungo, ristretto...

En cuanto al flamenco, durante los siglos diecinueve y veinte, unos doscientos años, es en España donde se ha formado conceptualmente el flamenco. Dos siglos en los que en España, y principalmente el sur de España, se fueron inventando y estableciendo los cantes, bailes y toques. Que no nació todo un día concreto de hace dos siglos, primero estuvieron asuntos como el polo, la caña, las tiranas, los jaleos, las playeras... Con el paso de las décadas, desde esas bases, se desarrollaron la soleá, la bulería, las cantiñas...

Algo similar iba sucediendo con la cultura del café desde Italia, con un rango de tiempo algo más amplio, el asunto del café italiano abarca casi los últimos cuatro siglos, el asunto del flamenco ocupa los dos últimos siglos.

Empezó a ser bastante frecuente que desde diferentes países, principalmente en las últimas cinco décadas, mucha gente viajara sintiendo la necesidad de pasar por España para conocer el flamenco, aprender el flamenco. Todas esas historias ya las sabemos, desde los hippies que se iban a Morón para que Diego del Gastor fuera su gurú, hasta toda esa gente que desde lugares tan diversos como Japón, México o Estados Unidos viaja todavía a España, en busca de grandes maestros, a vivir experiencias flamencas, aprender a dar unos pasos, o simplemente asistir a espectáculos que se hagan en el territorio de origen de esas cosas, con artistas locales y en escenarios míticos.

Y ahora voy a contar, intentaré ser breve, la historia de un ser humano estadounidense, que se llama Howard Schultz. Lo que viene a partir del próximo párrafo, y cuál es el mensaje, soy consciente de que muchos no van a entender el asunto, otros dirán que es una paranoia. Otros, al finalizar este texto, incluso sentirán un terror parecido al de acabar de ver un capítulo de Black Mirror. Pero no hay motivos para asustarse, porque para algo tiene que servir este texto. Aunque conociendo las mentes humanas flamencas españolas, soy consciente de que habrá un porcentaje de gente que lo considerará hasta humorístico, en plan: "¡Jaci hablando de Starbucks en un medio flamenco! Esas cosas que se le ocurren a Jaci". Pero es el mundo real de las cosas. Perspectivas de las cosas hay muchas, tantas como seres humanos. Pero mundo real de las cosas, de eso solamente hay uno.

En 1971 abrió en Seattle una tienda de granos de café, llamada Starbucks. No hacían café, solamente vendían granos, y así fue durante su primera década. El momento clave estuvo en 1982, cuando uno de los socios de la empresa, Howard Schultz, viaja a Milán y conoce bien la cultura italiana del café. Este viaje de Howard Schultz le podríamos comparar, en versión cafetera, al de cualquier turista que viaja a España, conoce la cultura del flamenco, y a su regreso a América decide dedicarse a eso tan maravilloso que ha visto en Europa.

En efecto, cuando Howard vuelve a Seattle, le propone a sus socios que Starbucks, además de vender granos de café, sea también una cafetería, donde los clientes pudieran beber un café como el italiano, y además desarrollar sus propios cafés partiendo desde esa base de la experiencia previa italiana. Los socios no lo vieron claro, no veían sentido a que la gente fuera a un establecimiento a beber café, pensaron que los norteamericanos seguirían prefiriendo ser más de beberse el café en casa. Pero Howard lo tenía claro, así que en menos de tres años, por su cuenta abrió en 1985 una cadena de cafeterías: Il Giornale. Efectivamente, el nombre de las cafeterías es en homenaje al popular medio de comunicación italiano con sede en Milán.

Lo que sucedió a partir de ese momento da para un libro, así que resumo brevemente pasando a lo sucedido: en menos de dos años, Il Giornale ya había absorbido a Starbucks, que fue vendido a Howard por el resto de socios de la empresa. Entonces Howard consigue su plan, hacer de Starbucks lo que quería hacer. Las cafeterías Il Giornale que ya estaban abiertas pasaron a llamarse Starbucks, el nombre de la empresa original.

Todos estos movimientos no importaron mucho en Italia.

El resto de la historia de Starbucks, todos la sabemos. En apenas tres décadas, y sabiendo cómo posicionarse en los movimientos de globalización social, cultural y económica en los países desarrollados, ofreciendo a los clientes más que un café, una experiencia de usuario, Howard ha sabido hacer posible que Starbucks, como cafetería, sea el equivalente a McDonalds en las hamburgueserías, Apple en la tecnología o Facebook y Google en internet.

Sucedía un hecho curioso. Durante los treinta años que van de 1987 al 2017, aunque haya más de veinte mil cafeterías Starbucks, siendo un estandar de referencia como concepto de cafetería en las principales ciudades del mundo desarrollado, nunca se abrió un Starbucks en Italia.

Aunque Italia fuera el lugar de origen de esa cultura del café, una cosa es el lugar de origen, y otra cosa muy diferente es el desarrollo de una cultura a través de procesos comerciales a nivel internacional. De esta manera, aún sin abrirse un solo local de Starbucks en Italia, y aunque en Italia se mirase con condescendencia lo que hacían aquellos americanos, Starbucks terminó siendo la principal referencia en el asunto de las cafeterías. Sin los italianos teniendo nada que ver en eso. Independientemente de que Italia sea el país en el que se haya creado el café espresso, la gente en Berlín, Barcelona, Tokio, Sidney o Nueva York bebe el espresso en el concepto que les ofrece Starbucks.

Todos estos movimientos no importaron mucho en Italia.

Este año 2017 que acaba de empezar, el plan que tiene Howard es terminar de coronar su dominio sectorial en el mundo desarrollado. Treinta años después del movimiento por el que comenzó la expansión de Starbucks, empezarán a abrir locales por primera vez en Italia, iniciando esta expansión italiana por Milán ¿Howard reconoce que el origen del producto cultural que está vendiendo es italiano? Por supuesto, de hecho sus cafeterías empezaron llamándose Il Giornale, en honor a un diario de Milán, es simbólico empezar su expansión italiana por Milán ¿Por qué ha conquistado mercados en América, Europa y Asia antes de entrar en Italia? Por razones obvias. Así que Howard dejó Italia para lo último, cuando ya tenía dominados todos los demás países que eran objetivo prioritario.

A partir de 2017, aunque aquella cultura del café surgió y se desarrolló en Italia durante cuatro siglos, los italianos serán clientes de Starbucks, y Starbucks será principal referencia de cafetería en Italia, igual que ya lleva siéndolo desde hace tiempo en el resto de paises desarrollados, debido a la globalización. Es obvio que la tradición cafetera de Italia jamás desaparecerá, pero la tradición cafetera de Italia no decide cuál es el concepto de café que bebe la gente en los países desarrollados, lo está decidiendo una empresa estadounidense. Hasta el café que van a beberse los propios italianos en la mismísima Italia.

¿Esto tiene algo que ver con el flamenco? Todo. Ya que aunque sea otra cultura, y otro asunto muy diferente, vemos como en España no importan mucho los movimientos que están sucediendo respecto al flamenco en todo el planeta. La mayor parte de instituciones, gran parte de la prensa especializada, promotores, empresas y demás, entreteniéndose en dar vueltas alrededor de qué es el flamenco, bajando mucho el nivel en cuanto a considerar qué se considera un triunfo para un artista flamenco. Que ahora mismo, el listón dentro de España está bajando mucho, ya se está considerando como gran triunfo de referencia para cualquier cantaor, guitarrista o bailaor conseguir vender apenas sesenta u ochenta entradas para un recital en una habitación en Barcelona, Sevilla o Madrid. Artistas flamencos no españoles cuyos nombres ni se conocen en España, o si se conocen se hace como que no existen, están llenando grandes teatros en Estados Unidos, México o países asiáticos. Sucede mientras se mira con condescendencia, e incluso se hace como que no existe, todo el movimiento flamenco que está sucediendo ahora mismo fuera de España. Artistas y empresas que no son españoles ni pasan por España, pero llenando grandes teatros con argumentos flamencos.

Sí, ya sabemos que el origen del flamenco está en España, que como en España será difícil que hagan el flamenco en otro lugar, y todo eso. Pero si la mayor parte de la industria flamenca española no se integra en la corriente de la globalización ¿Qué terminará pasando? Recuerdo este dato: en este año 2017, Starbucks llega a Italia después de haber conquistado, con su propio concepto de la cultura del café, el resto del mundo desarrollado. En cuestión de muy pocas semanas, los italianos, en la mismísima Italia, serán clientes de Starbucks. Algo casi impensable, algo que quizás no entra en lógica. Pero sucede. Muy pocos son los artistas, entidades y empresas varias del flamenco español en España que están adaptándose a una realidad que es inevitable. Una realidad que es muy diferente a cómo han sido las cosas en el flamenco en las últimas décadas. Es el momento para que los artistas flamencos españoles, los managers flamencos españoles, y demás entes flamencos, sean conscientes de cómo y a que velocidad está cambiando el mapa flamenco, para así al menos posicionarse en la globalización del flamenco. Porque se mire con condescendencia o no aquello que sucede fuera de España, considerar que lo que sucede en el mundo respecto al flamenco es lo que suceda o determine en España, es un planteamiento erróneo. Considerar que lo que suceda en España representa a lo que suceda en el mundo, es una idea equivocada. Creer que el movimiento flamenco que suceda fuera de España se compone principalmente de espectáculos hechos desde España o influenciándose en lo que sucede en España, también es un error. Ahí tenemos el caso de la cultura italiana del café y Starbucks ¿Podría haber sido una o varias empresas italianas quienes decidieran cómo beberían el café en las principales ciudades del mundo? Por supuesto. Pero mientras tanto, eso lo ha hecho una empresa de Seattle, Estados Unidos. En Italia se creó esa cultura, en Italia se desarrolló durante cuatro siglos, y ahora es Estados Unidos quien vende esa cultura ¿Son traidores los de Starbucks? No, son inteligentes. No fue una guerra, Starbucks no va contra la industria del café en Italia. Son las empresas italianas quienes no supieron aprovechar al mismo nivel las oportunidades que ofrecía un producto propio.

España, en el mapa globalizado que está formándose, si no hay una reacción rápida y buena, en la cuota flamenca de esa globalización puede suceder que España quede como lugar que se visite por ser lugar de origen del flamenco, pero tan solo para pasar una noche madrileña en Corral de la Morería, darse una vuelta por las cuevas del Sacromonte, y conocer algo en Sevilla en una tarde. Es decir, que acudan turistas a España para conocer tres o cuatro lugares flamencos míticos fundamentales ¿Y qué pasa con todo lo demás? No es una película de miedo, todo lo contrario, es una situación maravillosa, el flamenco crece en el mundo. Sería interesante que, en un futuro próximo, el flamenco "made in Spain" tuviera una cuota más relevante a nivel internacional. Porque esas corrientes internacionales flamencas van a seguir creciendo, con españoles o sin españoles metidos en esas corrientes. Del mismo modo que, a partir de este año 2017, hasta los italianos beberán el formato norteamericano de café de Starbucks, sea o no sea Starbucks una empresa italiana, y aunque el origen de lo que vende Starbucks sea italiano. Este es el panorama para los asuntos flamencos españoles que no se posicionen a tiempo: ser testigos de cómo cualquier artista flamenco español se considerará en España como supuestamente triunfador, y supuestamente artista de primera línea del flamenco, por hacer un espectáculo para setenta personas de público local en una habitación en Sevilla, Madrid o Barcelona, la misma noche que un artista flamenco americano llena un gran teatro con mil o dos mil personas en Los Ángeles, Montreal o Ciudad de México ¿Quién podrá mirar con condescendencia a quién?

Por Jaci González
Foto: MissTurner

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