Las cosas de la vida flamenca

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Las cosas de la vida flamenca

¿En qué se parecerá en el año 2017 la vida de una joven bailaora de Los Ángeles y la vida de una joven bailaora de Córdoba? Analizamos el concepto.

Más del noventa por ciento de la vida habitual de ambas bailaoras, la de Los Ángeles en Estados Unidos y la de Córdoba en España, tendrá un esquema muy similar. Las dos irán a un estudio similar de danza por la mañana. Las dos viven en un piso que seguramente tendrá aire acondicionado en verano y calefacción en invierno. Ambas irán habitualmente a un supermercado muy similar a hacer la compra. Por la noche, verán películas y series en Netflix o similar. Las dos se enterarán de lo que pasa en el mundo a través de diarios digitales, Facebook e Instagram, ambas incluso con los mismos diarios y mismos medios sociales en la red. Ambas bailaoras comprarán ropa muy parecida en similares tiendas físicas o en la red. Las dos usan todo el día su smartphone, con alta posibilidad de que tengan incluso el mismo modelo de iPhone o Samsung. Las dos quedarán dos o tres tardes por semana con sus amigas, irán a un Starbucks o similar, y se pedirán un café muy parecido. Ambas bailaoras, si llega la hora de comer y no les dio tiempo a hacer la comida, pedirán por teléfono o por internet una pizza o sushi. Irán a pasear a la calle principal de su ciudad, cada una en la suya, pero serán calles cada vez más parecidas, con tiendas cada vez más iguales, donde se venden los mismos productos y suceden cosas cada vez más similares.

Como mucho, la diferencia de la "vida flamenca" de una respecto a la otra es que la de Córdoba de momento será más fácil que tenga durante el año alguna noche más de darse una vueltecita en contexto flamenco, y además asistirá durante el año a tres o cuatro espectáculos flamencos más, porque tiene aún un poco más de oferta al respecto (que no mucha más). Pero durante el noventa por ciento del tiempo a lo largo del año, el esquema de vida de ambas bailaoras sería prácticamente igual, en Córdoba o en Los Ángeles. A su vez, esquema no muy diferente al esquema de vida de una joven abogada, debido a que los esquemas de vida en los países desarrollados son cada vez más parecidos, debido a la globalización social, cultural y económica. Ahora que estás leyendo estas cosas ¿Te has parado a pensar que las ciudades de los países desarrollados cada vez se parecen más entre sí? Cada ciudad tiene una serie de elementos que la hacen "única", como sus museos, monumentos y atracciones turísticas con personalidad propia. Pero en cuanto a escenarios de la vida cotidiana, las ciudades cada vez son más parecidas entre sí. Los paisajes urbanos, los paseos peatonales céntricos, los centros comerciales de periferia, las viviendas, casi todo. Se llama globalización, y esa globalización afecta también al flamenco, obviamente.

La "vida flamenca" como tópico es bonito, pero luego está el mundo real de las cosas, y casi nadie tiene una "vida flamenca" que se parezca mucho a esos tópicos. Ni siquiera los artistas flamencos profesionales. En 1950 sería muy diferente el esquema de vida de una bailaora en Sevilla y otra en Nueva Jersey, por nombrar otras ciudades posibles. La de Sevilla seguramente viviría en un patio de vecinos por Triana, en el que sería frecuente que los seres humanos cantaran y bailaran flamenco con cualquier excusa, haciendo una vida muy basada en lo comunitario. Todo un vecindario compartía hasta el mismo cuarto de baño. Pero estamos en el año 2017, la bailaora de Sevilla irá a las cinco de la tarde al Carrefour por el mismo motivo que la bailaora de Nueva Jersey irá al Walmart, la única diferencia es que el hipermercado al que va cada una está gestionado por una empresa diferente. Y eso en el caso de que la visita al hipermercado sea física, que también es posible que ambas, las dos, hagan esa visita por internet. Fuera del ámbito laboral, casi todas las costumbres de ocio y consumo de ambas bailaoras serán similares, vinculadas a situaciones muy similares. Ambas bailaoras están seguramente enganchadas a Stranger Things, consumen las mismas películas y series de Netflix y HBO, y cuando ven un vídeo flamenco, ambas ven exactamente el mismo vídeo de Farruco, a la vez, las dos en AIREFLAMENCO.com. Es más fácil que tanto una como otra bailaora se den un morreo con sus parejas en el aparcamiento de un hipermercado, que a través de una reja con dos macetas de geranios, sea en Sevilla o Nueva Jersey. Ya sé que no resulta muy poético esto que estoy describiendo, pero es el mundo real de las cosas. En la ciudad de Sevilla, la noche de un martes de noviembre a eso de las once, y a excepción de quien le toque trabajar en alguno de los tablaos, la mayoría de los flamencos estarán metidos en su casa, cada uno en la suya, haciéndose el plan de mantita y peli. El mismo martes de noviembre que hará exactamente lo mismo un flamenco en Nueva Jersey.

Se puede ser un ser humano flamenco, en cualquier lugar. Pero en un mundo cada vez más globalizado, en los países desarrollados, más del noventa por ciento del esquema de vida cotidiana es idéntico para una bailaora, sea española, canadiense o alemana. Que a su vez es un esquema de vida cotidiana similar al de una abogada de su edad, sea en La Coruña o sea en Nueva Jersey. La única diferencia relevante es que la abogada va a un despacho y la bailaora a un estudio de danza, y la abogada en su cocina no suele tocar las palmas a la lavadora cuando da vueltas, la bailaora es muy posible que lo haga al llegar al centrifugado. Es más una cosa de ser seres humanos flamencos, que de vida flamenca. Al final todos vamos al McDonalds de todos modos, y pedimos exactamente el mismo menú de cuarto de libra con queso. La única diferencia es que quienes somos flamencos, sea en Cádiz o sea en Nueva York, quienes somos flamencos hacemos nudillos por fandangos en la mesa del McDonalds. Pero es un McDonalds idéntico, porque hay una serie de países en el mundo cuyo habitante medio lleva un sistema de vida similar, y su vida cotidiana sucede en escenas similares. Se llama globalización ¿Es mejor o es peor la vida actual de un flamenco, que la vida de los flamencos en España en los años sesenta del siglo veinte? Ni siquiera tiene sentido preguntárselo, se pierde en unas cosas, y se gana en otras. Cada persona es todo un mundo con sus propias circunstancias. No hay actualmente un patrón específico o colectivo de vida flamenca: cada cual es flamenco a su manera, adaptándose dentro del estandar de patrón de vida normal del habitante medio de los países desarrollados.

La vida flamenca, tal como se idealiza, si es que alguna vez realmente la hubo, no existe. En realidad, sobre todo, lo que hace cada cual es adaptar su sentido flamenco de las cosas a las situaciones normales de la vida. Hasta cuando las familias vivían en partiditos en casas de vecinos, en las tres décadas posteriores a la guerra civil española, en realidad tampoco había vida que fuera flamenca adrede. Eso era adaptar el sentido flamenco de cada cual al mundo real de las cosas, aunque ellos lo hicieran de forma más compartida presencialmente con otros seres humanos. Pero no era porque quisieran vivir así para sentirse flamencos y así vivir una vida flamenca, es que no les quedaba otra opción, el concepto de "vida flamenca" nunca existió en realidad, ya que si idealizamos la "vida flamenca" con cómo vivían ellos, reconozcamos que no había opción de elegir tener o no tener una vida flamenca, los seres humanos flamencos vivían así porque así lo determinaba la realidad social y económica. No era un ideal de vida, era intentar sobrellevar con arte una vida difícil, lo cual considero muy alejado del concepto "ideal". En determinadas ciudades, sobre todo de Andalucía, era frecuente que gran parte de aquellos vecindarios tuvieran muchos seres humanos flamencos. Pero era una consecuencia, no una elección, no vivían en ese esquema social por ser flamencos, vivían en ese esquema social por ser pobres en un país en postguerra. Cuando Lola Flores se compró aquel pisazo en la calle María de Molina, en Madrid, seguro que no pensó si ella sería más o menos flamenca por vivir en un gran piso propio, en un barrio de clase alta de una de las grandes ciudades de Europa, seguro que no se preguntó si su vida sería más o menos flamenca. Flamenca era ella, viviera en una chabola o en un palacio. María Jiménez buscó la manera de tener un buen piso, aunque tuviera momentos bonitos en aquella casa de vecinos, con aquella habitación en la que dormían juntos muchos seres humanos. No es lo mismo la posible vida flamenca, como concepto idealizado, que la vida de los flamencos, que es la vida en el mundo real, seas flamenco o no.

Pregunten a cualquier ser humano si prefiere vivir en una casa de vecinos compartiendo hasta el cuarto de baño, o en un piso con tu propio cuarto de baño, por muy bonita que fuera en ocasiones aquella vida social, en la que se compartía hasta el agujero de hacer necesidades fisiológicas. Lo más parecido al concepto "vida flamenca" que puede haber actualmente es que por tu profesión, todo lo que hagas esté vinculado de alguna manera al flamenco. Pero eres tú quien es flamenco dentro del mundo real de las cosas, que solamente hay un mundo real, no existe un estandar real de vida flamenca con unas características concretas. En la actualidad, como mucho puedes ser alguien que siempre lleva el flamenco a cuestas, incluso tener de vez en cuando algún día flamenco interesante, pero el noventa por ciento de tus escenas cotidianas siempre serán muy similares a las de cualquier otro habitante de tu ciudad, que a su vez cada vez es más similar a otras ciudades del mundo desarrollado. Es uno mismo quien encuentra el lado flamenco a la vida, cada cual a su manera. Aunque denominásemos como vida flamenca a irse una noche con otros seres humanos flamencos a dar vueltas por bares flamencos, que por cierto cada vez hay más en cualquier lugar del mundo, al final llega una hora a la que vuelves a tu casa estandar en tu barrio estandar, que no se diferencia en casi nada con la casa del vecino por el hecho de que tú seas flamenco, sea o no sea flamenco tu vecino. Llegados a este punto, entre los que sigáis leyendo este texto aún, habrá unos cuantos que estarán mirando a la pantalla, pensando esto: "¿Pero qué tonterías me está contando este? Si yo soy de Sevilla, y no es lo mismo estar en Boston que aquí, que das una patada a una piedra y te salen treinta artistas, porque esta es la cuna del arte y todo eso". Y eso es cierto: hay aún más cantidad de seres humanos flamencos en Sevilla que en Boston. Aún. Ese aún es la gran clave. Porque la globalización, de la misma forma que hace a Sevilla y Boston ser cada vez más parecidas en sus escenas cotidianas, también hace posible que el flamenco, como arte internacional, forme parte de esa globalización. Sevilla cada vez se parecerá más a cualquier ciudad de Francia o Canadá, pero elementos culturales de origen andaluz son cada vez más relevantes en la vida social y cultural de las ciudades a nivel global. Sea o no sea con intervención de españoles, por muy español y muy andaluz que sea el origen del flamenco. No, no sirve la excusa de "vale, pero aquí hay que mamar porque aquí siempre estará lo mejor". La autocomplacencia flamenca no es inteligente. Porque veréis cómo también se escapa "lo mejor". A nivel global de forma similar a cómo a nivel nacional lleva sucediendo en España desde hace más de un siglo, la gran cantidad de artistas flamencos que siempre se fueron a vivir a Madrid desde Andalucía. Mundo real de las cosas. En Estados Unidos no intentaron poner puertas al campo para el jazz o el soul, fueron a lo lógico: saber vender los lugares de origen de las cosas, pero sin chovinismo, ellos nunca han mirado con condescendencia al jazz o al soul de otros lugares del mundo. En paralelo, fueron conscientes de que una cosa es ser lugar de origen de algo, otra cosa muy distinta es sentirse propietario de ese algo. Claro, se posicionaron como referencia en la evolución global de esos asuntos.

Volviendo al asunto de la supuesta vida flamenca, lo que sí es evidente que existe en estos años actuales es el ser humano flamenco: es ese que, en las escenas normales de la vida cotidiana, y en este contexto de cultura y sociedad cada vez más global que nos toca vivir, el ser humano flamenco es ese que toca los nudillos por fandangos en la mesa del McDonalds, hace de repente un remate en la cocina porque la lavadora ha hecho un ruido, y piensa en escobillas mientras está en la parada del autobús. Y esas cosas se pueden hacer exactamente igual en Cádiz, Madrid o Miami. Otra cosa muy distinta es que, evidentemente, todavía hay más seres humanos flamencos en Cádiz o Madrid que en Miami o Ciudad de México. Pero eso cambiará: en las próximas décadas, la cosa irá tendiendo a estar poco a poco más igualada en el porcentaje de seres humanos flamencos por ciudad. Tanto en cantidad de artistas flamencos, como en cantidad de público flamenco. Y eso es bonito, siempre hay un lado bueno de las cosas, la cantidad de seres humanos flamencos está aumentando en el mundo. La globalización es algo tan sencillo como esto: es más que posible que en el 2030 ocupe de forma real, en la industria cultural internacional globalizada, una posición similar el flamenco que el soul. Otra cosa muy distinta es quiénes están sabiendo posicionarse para tener un buen lugar en ese paradigma. Ya les aseguro que mirarse a sí mismos y decir que nunca será como en España, eso no pondrá fácil al flamenco español posicionarse en ese paradigma. Y no es algo que vaya a suceder, ya comenzó a suceder. El onanismo flamenco es placentero, pero si en España más de la mitad de los círculos profesionales y sociales siguen empeñándose en autosatisfacerse, cada vez más cerrados en terrenos que van reduciendo sus posibilidades y sin aceptar que todo está cambiando a gran velocidad, negando lo que es evidente que está pasando, esos mismos círculos profesionales y sociales, tan encantados de conocerse, cuando quieran darse cuenta también comprarán el flamenco que les vendan.

Por Jaci González