Hablemos
de arte. Hace no mucho tiempo conociste
en Cuba a una mujer de cuaternario compás
y nombre de fruta llamada guanábana...
¿Cómo surgió tan apasionado
encuentro?
Desde hace tiempo vengo buscando la conexión
cubana, o sea, lo negro. El reconocimiento
de la prensa sevillana de la segunda mitad
del siglo XIX avisaba de una fecunda corriente
de influencias venida de Cuba que era saludable
indagar, y así lo hice. En las hemerotecas
de La Habana encontré respuesta a
eso y también otros testimonios insospechados,
de otros viajes y otros artistas intercambiando
experiencias.
Y entraron esas medidas
de compás en el flamenco, desde
Cuba.
Así fue. Cuba fue la transmisora
de lo negro. De la sensualidad y la calentura
de lo negro en cuerpo de Tango. "Tango"
era allí el lugar de reunión,
el cabildo, y derivó en forma universal
de ritmo teniendo al inmenso atlántico
por medio. El Tango es el puente aereo
y subterraneo que une África con
América y con Europa.
Si el flamenco fuera
una corrida de toros, José Luis
Ortiz Nuevo sería alguien que alternaría
el ruedo con el tendido, la grada, y hasta
la presidencia... ¿Cuál
es el lugar donde se siente más
identificado?
Con el bicho que muere.
Quizás suena
eso algo pesimista.
Tal vez, pero así es la vida, siempre
concluye con parecidos estertores de agonía.
Claro que,de mientras, se pueden y se
deben disfrutar las luces, los besos,
las cosas, y las músicas.
¿Qué
será lo próximo que se le
ocurra hacer a José Luis Ortíz
Nuevo para el público?
Un concierto por malagueñas para
cinco flamencos: cantaor y cantaora, narrador,
y dos guitarras. Y posiblemente una fantasia
para voz, cante, baile, y toque a propósito
de los siete colores del arco iris.
Un sueño de
José Luis Ortiz Nuevo...
Encontrar la declaración de porqué
y para qué bautismaron al jaleo
como bulería sabiendo además
que significaba embuste.
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