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Juan
Habichuela, maestro de Granada
02.07.04
Don Juan Habichuela. Cerrando la primera
temporada del proyecto "El patio"
(que regresará después del
verano) y a su vez cerrando el especial
sobre la Familia Habichuela, uno de los
artistas más importantes de la
historia musical española. Su labor
como guitarrista, aunque no sea excesivamente
destacable como solista, le convierte
en el referente actual por autonomasia
del buen acompañante al cante.
Un estilo de acompañamiento que
ha creado escuela por la importante característica
de servir más de ayuda al cantaor
en lugar de buscar espacios de pretendido
protagonismo. Está considerado
como uno de los principales artistas españoles
contemporáneos, una leyenda viva
de la guitarra. Es un honor inolvidable
poder conversar con un flamenco de esta
categoría...
Realizado por Jacinto
González
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¿Qué es
el flamenco para Don Juan Habichuela?
Para mí ha
sido el flamenco todo en la vida, le he
tenido siempre un cariño desde
pequeño, desde que tenía
diez años. El flamenco me ha dado
muchas cosas buenas y muchas cosas menos
buenas. Buenas casi todas, mis hijos,
mi familia que ahí está.
Me ha dado muchas satisfacciones tener
amigos buenísimos que tengo, mucha
alegría... El flamenco está
al nivel de todas las músicas que
hay ahora mismo y eso es una cosa importantísima
para los flamencos, que nosotros los que
tenemos más años hemos aportado
algo a que el flamenco evolucione un poquito
y esté donde está. Hay mucha
gente que ha aportado muchas cosas, yo
me he desvivido siempre por el flamenco
que ha sido todo para mí. Le tengo
un respeto grandísimo a todos los
flamencos en España y los que están
fuera de España, porque el flamenco
es complicado, es una música muy
bonita que hay que tener los oídos
preparados para escucharlo y saber que
es flamenco y que no es flamenco. Pero
bueno, como va evolucionando la vida a
un nivel muy grande, el flamenco es para
mi una satisfacción que esté
a la cabeza.
Aquellos días
en que usted tenía unos trece o
catorce años, que bailaba en el
Hotel Palace de Granada, deseando terminar
de bailar para irse a jugar a la pelota
al Campo del Príncipe... ¿Usted
ya tenía en su sentimiento la idea
de que terminaría siendo tocaor?¿O
surgió de otra manera?
Yo le he tenido mucha
afición a la guitarra siempre,
yo bailando le quitaba la guitarra a mi
padre y tocaba un poquito. A mí
me gustaba mucho la guitarra, más
que el baile. Mi padre muchas veces me
retaba, tu vas a ser bailaor... Y con
doce o catorce años empecé
a tocar la guitarra y dejé el baile
a mi padre, que le dio mucha pena, decía
"tú eres el mejor" y
yo sabía que no. Sabía que
habría alguien que bailaba muy
bien, en cualquier otra ciudad. La verdad
es que me gustaba más la guitarra
y me enganché a la guitarra, el
baile le dejé, y la guitarra me
ha dado muchas satisfacciones. Lo he pasado
bien, y menos bien; los viajes a América,
muchos sustos en los aviones y problemas
con el idioma... Bastante mal y bastante
bien.
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Hay un detalle que quizás usted sea
de las pocas personas en la historia del
flamenco que podría dar explicación
convincente a un tema algo polémico,
y me gustaría que usted pudiera explicar
a la gente cuales son las diferencias entre
saber tocar la guitarra y saber acompañar.
Eso es que hay mucha
gente que sabe tocar bien y que sabe acompañar
bien. Lo primero, para acompañar
te tiene que gustar mucho el cante. Eso
es indiscutible, a mí me gusta el
cante más que todo, lo sabe mucha
gente que si yo hubiera tenido una garganta
buena... hace cuarenta años cantaba
por soleá, seguiriya, fandangos,
cosas que me gustaban. Hoy hay muchos guitarristas
que tocan la guitarra muy bien, la verdad
es que alguno hay, no voy a generalizar
pero hay guitarristas que les gusta el cante.
Si te gusta el cante y te gusta acompañar,
tienes que hacer un corazón, y eso
es una base principal para acompañar.
No molestar al cantaor, ir detrás
de él sin exhibirte. Muchas veces
hay que hacer una cosita, una variación
larguita, para que el cantaor respire y
se encuentre más cómodo. El
guitarrista lo tiene que saber cuando está
bien, está mal, hay que hacer una
variación corta o ninguna porque
el cantaor está con ganas de satisfacer
al público. El guitarrista se tiene
que dar cuenta de todo eso. Es complicado
que los guitarristas se percaten de esas
cosas porque ahora mismo estos jóvenes
que están empezando ahora lo que
quieren es lucirse, picar y correr, hacer
cosas difíciles. Hay cantaores que
lo permiten y cantaores que no lo permiten.
Eso según quien sea.
¿Qué sentimiento supuso
para Juan Habichuela tocar a un artista
al cual usted admiraba anteriormente como
era Manolo Caracol?
Para mí ha
sido uno de los genios del cante flamenco
en España, cuando pequeñito
mi padre me llevaba de la mano, con nueve
o diez años. Venían compañías,
y cuando se montó lo de Lola Flores
y Caracol, que era una maravilla de flamenco
y arte, yo escuchaba a ese señor
cantar y me embelesaba porque tenía
una voz tan flamenca. Una satisfacción
que te daba al oído porque tenía
un eco de flamenco de la ostia. Entonces
yo muchas veces soñaba, cuando
tenía doce, catorce, quince años...
si yo estuviera alguna vez con Caracol...
Mientras usted aún bailaba entonces...
Si, si... Pero cuando
eso yo empecé a tocar la guitarra,
toda mi ilusión de mi vida era
tocar a una figura como Marchena, Valderrama,
Caracol. Y antes que tocar a Valderrama
toqué a Caracol, tenía yo
dieciocho años, para mí
eso fue una satisfacción. Salió
un disco fenomenal, cinco o seis temas,
con un fandango, el carcelero...
El Carcelero famoso...
Salió... porque
me gustaba mucho. Me tiré un montón
de tiempo ensayando, haciendo cosas, con
Arturito Pavón.
Gran pianista Don Arturo
Un fenómeno
tocando el piano. Salió un disco
muy bien, para mí una de las grabaciones
que me han gustado más, le puse
mucho cariño, con Caracol no grababa
todo el mundo. Como cuando grabé
con Juan Valderrama,e hice un disco con
él... de esa época yo le
toqué a todos, no queda ni uno
de esa época para acá. Todos
los que hay ahora cantando, a todos he
tocado. Tengo la satisfacción de
haberle tocado a los mejores cantaores
que ha habido en España.
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Muchos
guitarristas le ponen un nombre
a su guitarra, ¿ha llegado
usted a hacer eso con alguna de
las suyas?
No, siempre he tenido predilección
por alguna guitarra que me ha gustado,
antes me gustaba Esteso porque hacía
buenas guitarras con buen sonido.
Esteso y Faustino, íbamos
a la calle Gravina. Una vez coincidí
allí con Paco de Lucía
que tenía quince años,
le preguntaron que guitarra le gustaba.
Él dijo que una que había
dentro, y le dijeron que esa es
de Juan, que la tenía yo
apartada. Dijo Paco: "oye que
me gusta esa". Dije "yo
que sé, si quieres llevártela
y a mí me hace otra".
Faustino hacía guitarras
que estaban bien, y se quedó
Paco esa guitarra, me hizo a mí
otra. Ahora estoy tocando con una
de Pepe Bellido, que tiene un sonido
muy flamenco, Rafael Moreno, un
pedazo de constructor. En Granada
hay constructores que las hacen
muy bien. Tengo siete u ocho guitarras
que son buenas.
¿Alguna
vez ha tenido algún descuido
y ha dejado una guitarra tumbada
encima de la cama?
Cuando
yo tenía doce o catorce años,
mi madre me despertaba... hace más
de cincuenta años, me acostaba
tarde. Empezaba a estudiar y me
llevaba dos horas estudiando sentado
en la cama, luego despertaba y estaba
la guitarra en la cama.
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Sin embargo, hay una
tradición en los Habichuela de
no dejar la guitarra encima de la cama...
Yo la cogía
y la dejaba en cualquier sitio. Yo salía
al igual de ducharme y con la toalla puesta
estaba tocando la guitarra. Muchas veces,
mi madre ya lo sabía y decía,
no dejes la guitarra encima de la cama.
Mes de noviembre de 1986, usted va andando
por la calle en Nueva York y ve en un
cartel escrito "Juan Habichuela",
en la puerta del teatro Mark Hellinger,
uno de los más grandes de Broadway.
¿Qué sentimiento produce
eso?
Eso para mí
fue lo más grande, una de las cosas
de más satisfacción para
mí. Ahí representé
a mi pueblo, a Granada, y luego a España.
En un Mark Hellinger en Nueva York, Broadway,
que había cuatro o cinco teatros...
Ponían un cartel de cada artista
cada día, el día que tocó
el mío no me lo esperaba. Yo fui
a entrar y vi "Juan Habichuela Granada",
y eso en la Quinta Avenida en Nueva York
es muy fuerte. Empecé a leer para
abajo y vi mi biografía, lo sabían
todo de mí, el currículum
mío en el cartel...
¿En inglés o en español?
En inglés
y en español, para mi fue una satisfacción.
Ahí íbamos todos los monstruos,
Fernanda, Bernarda, Chocolate, Manuela
Carrasco, Farruco, mi hermano Pepe, Josemi...
Farruquito se estrenó allí...
Ahí tenía
cuatro o cinco años, me decía
"tío tócame un poquito".
Entonces empezaba a bailar y al igual
Farruco decía "eso no me gusta,
no hagas eso", de que daba cuatro
piruetas. En la habitación del
hotel, le tocaba un poco por bulerías,
el abuelo le hacía un poco de compás.
El niño con mucha habilidad, con
esa edad ya bailaba de la ostia. Cuando
va a dar el niño un par de piruetas,
el abuelo decía "eso no me
gusta" y al niño le gustaba,
se veía que iba a llegar lejos...
Cuando estaba sobre ese
escenario y ve entre el público
a Frank Sinatra, Liza Minelli...
En la zona había
cuatro o cinco teatros y por allí
estaban trabajando, Dean Martin, Sinatra...
Yo fui a ver a la Minelli una vez, que
estaba haciendo "Cabaret". Ellos
cuando descansaban, se venían al
teatro a vernos a nosotros. Esos recuerdos,
esas monstruosidades de figuras... Sammy
Davis, todos estos estaban allí.
Yo decía, con la de veces que he
visto a esta gente en las películas
y ahora estoy con ellos aquí, parece
que estoy soñando. Pero bueno,
eso son cosas que llegan, sueñas,
y muchas veces se hacen realidad. La guitarra
me ha dado todo eso, esas satisfacciones.
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El mismísimo
Sabicas llegó a decir en cierta
ocasión que uno de sus tocaores
favoritos es Juan Habichuela
Le gustó como
acompañaba. Ese era un fenómeno,
estuvimos dos años seguidos en
Nueva York y no se perdía un día
el teatro. Le gustaba la forma mía
de acompañar. Tengo ahí
una cinta de video que me han mandado
hace dos meses de Nueva York de su último
concierto...
¿Cómo
surgió, hablando de Sabicas, la
cosa de meter a su biznieta África
en una farruca?
Eso es una cosa,
una farruca que yo se la escuché
a Sabicas y la grabé. Entonces
en el trémolo que hace la farruca,
una cosa de mi hijo Juan... Voy haciendo
el trémolo y la niña llorando
empieza a callarse, está muy bonito.
Ese tema de Sabicas, una farruca, que
la tengo hecha en disco.
Algo que se preguntará
mucha gente, ¿Quién es la
Lucía Fernanda del fandango?
Esa es mi nieta también,
unos fandangos que hice. Es la más
pequeña, hija de Antonio.
Una pregunta imprescindible,
¿Qué es el aire?
El aire, la gente
de por ahí abajo, Jerez y por ahí.
El soniquete y tal... es ver la forma
de hacerlo, de cantar, de bailar. Que
le pongas más alma, más
flamenco o menos flamenco. La bulería
tiene un aire distinto a los demás
en Jerez por ejemplo, pero que en cualquier
sitio hay aires y cosas en el flamenco.
Cualquier pueblo.
Para tocar la guitarra,
¿Qué es más importante,
la técnica, el sentimiento, ambas
cosas....?
Todo va.. La técnica
es la base y luego hacer las cosas con
sentido y flamencura, porque sino el tremendismo
nunca me ha gustado. Será porque
no soy tremendista, si fuera tremendista
yo me auto responsabilizaba de que el
tremendismo es para las personas que no
saben mucho de arte. A los que les gusta
el flamenco no les gusta el tremendismo.
Dentro del tremendismo puede haber arte
también, pero a mi no me ha gustado
nunca.... El correr en la guitarra a mi
no me ha gustado, correr sin arte y sin
flamencura. Hay quien corre con arte y
hay quien corre sin arte. Hay nada más
que uno, que se llama Paco, ese corre
con flamencura y sabiduría. Pero
correr por correr, no me llega. El tremendismo
no me ha gustado mucho, a mí me
ha gustado mucho el flamenco, el arte.
En la pintura, en el cante, en la guitarra,
en todo... Hay quien tiene mucha voz y
se tira dos minutos diciendo un grito,
y quizás pueda haber una milésima
de tesitura... a mí me gusta mucho
Rancapino. Tiene una voz muy cortita pero
se mete en el sentido. Hay también
más cantaores que cantan muy bien.
¿Cómo
definiría el toque de su hijo Juan?
Es de flamenco. Yo
tengo el apelativo puesto a los tres,
y he acertado con los tres. Está
el músico que es Josemi, el flamenco
que es mi hijo Juan, y el polifacético
que es mi hijo Antonio.
Por cierto, hablando
de Ketama... Hay gente muy rara, flamencólica,
que les da por criticar lo que ven encima
de un escenario desconociendo lo que quizás
haya detrás del escenario... ¿Cómo
le sienta a uno cuando un crítico
flamencólico no sabe valorar que
quizás lo que hagan sobre un escenario
tiene una base de la que parten?
Ha habido gente que
ha hablado malamente de Ketama, que no
son flamencos. Antonio canta por bulerías
y tangos en las fiestas, Juan toca por
bulería, soleá, malagueñas...
La fusión les ha dado dinero, pero
mis hijos son flamencos y Josemi es un
músico flamenco. Me molesta mucho
algo de los flamencólicos, aunque
hay que decir que si hay gente que habla
de flamenco muy bien, que lo que pasa
es que a los flamencólicos les
molesta que no hagan lo que ellos quisieran
y por eso dicen que no son flamencos.
Pero ellos son flamencos, cantan y tocan
por cualquier palo.
Un sueño de
Juan Habichuela...
Mi sueño es
ver a mi biznieta África con novio...
Quisiera estar toda la vida.
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