actualizado 19:49 CET, 17 Mar 2019

Noche con arte en Flamenco Joven'16

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Noche con arte en Flamenco Joven'16

May Fernández, Alba Heredia y Samuel Serrano fueron los protagonistas de la segunda noche de Flamenco Joven'16, el jueves 22 de septiembre en el Teatro Conde Duque de Madrid, con las entradas agotadas

Esa letra por seguiriya que cantó Juan Ángel Tirado como acompañante del baile de Alba Heredia. Esa letra por seguiriya cantada con tanta profundidad esencial como potencia impactante, en la voz del que con toda seguridad es uno de los tres o cuatro mejores cantaores flamencos para las próximas décadas, ese fue el mejor momento de toda la noche. Esta noche flamenca en Madrid tuvo una característica muy importante, y es que sin desmerecer a los tres protagonistas del cartel, absolutamente todo ser humano que apareció por ese escenario resultó ser protagonista. La versatilidad de la sonanta de Miguel Salado, gran guitarrista que siendo conceptualmente y literalmente de origen jerezano, sabe empatizar su arte para cambiar de territorio sonoro y resultar un acompañante ideal para cualquier posible cantaor. El carácter gaditano del soniquete y el sentido jerezano del compás con Diego Montoya y Tate Núñez, seres humanos que siempre tienden a resultar perfectos, base esencial que parece suceder en una segunda fila del escenario, pero en realidad con frecuencia el arte sucede como origen entre sus cosas, esos jaleos y palmas que tienen buenos intérpretes en los últimos años, esta generación de Diego, Tate, Roberto Jaén y varios más. El grupo que vino con Alba Heredia, encabezados por la elegante guitarra de Luis Mariano, también con todos acertados.

Todo comenzó con el cante de Samuel Serrano, chipionero que representa un concepto cantaor muy necesario para el momento flamenco actual. Es así porque aunque en la actualidad se canta en general con mayor afinación y acierto de compás que nunca, existe demasiada similitud entre más de la mitad de los jóvenes cantaores, todavía se echa de menos la diversidad de personalidades artísticas diferentes que se evidenció hace pocas décadas ¿En qué se parecen o parecían Pansequito, Juan Villar, Chiquetete, El Turronero, Chano Lobato, José Menese, Agujetas y El Lebrijano, siendo todos ellos prácticamente de la misma generación? En casi nada. Por eso, en un momento en el que tres cuartas partes de los cantaores gitanos insisten todavía en ser camaroneros, y tres cuartas partes de los cantaores no gitanos insisten en ser lo que podríamos denominar como Estilo Heeren, resulta necesario que, por bonito que resulte el cante de los camaroneros y de los Heeren, sigan surgiendo artistas que intenten definir un concepto personal de cosas, como sucede con este Samuel Serrano que esta noche presentaba su asunto cantaor en Flamenco Joven'16, un cantaor del que hay que reconocer que le queda mucho, situación obvia y lógica porque es muy joven, pero si sigue como va, sorprenderá más aún de lo que actualmente podemos imaginar, hay un más que posible enorme cantaor para el futuro. En vez de comenzar por soleá y continuar por seguiriya, quizás hubiera sido más interesante invertir el orden de cantes para un resultado global más redondo en la apariencia, aunque en realidad igualmente acertado en la práctica. Por bulerías se despidió para dar paso a la gaditana May Fernández, quien tuvo como guitarrista a Miguel Salado y como palmeros a Diego Montoya y Tate Núñez, igual que Samuel Serrano. Para abrir su repertorio, May evidenció sus orígenes adentrándose en el mundo de las cantiñas, Cádiz en escena que también se evidenciaría por malagueñas muy gaditanas, cerrando su showcase viajando hacia conceptos jerezanos por bulerías. May Fernández, cantaora que merece ser más habitual en relevantes escenarios, en estos tiempos en los que gran parte tanto de cronistas flamencos como programadores meten en el mismo saco conceptual a Jerez y Cádiz, cuando son dos mundos flamencos totalmente diferentes e identificables. Es muy inexacto creer que Cádiz es básicamente ese lugar de tanguillos y alegrías, que también, pero Cádiz representa mucho más que eso en la historia del flamenco, incluso en la escena actual. Hay un gran y completísimo universo de conceptos flamencos propios desde Cortadura hasta La Caleta, por pequeño que pueda parecer ese territorio. Hay tantos matices flamencos gaditanos propios, que en ocasiones es hasta identificable si alguien que canta es de La Viña, Santa María, o incluso Loreto.

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Son dos las bailaoras que residen en Alba Heredia: la efectiva que se evidencia superficialmente, y una muy grande casi escondida. Por alegrías y seguiriya pudieron verse ambas bailaoras. Una de las dos es totalmente evidente, la que viene de Granada, bailando desde los conceptos de Juan Andrés Maya, denominación de origen obvia desde las cuevas, esa forma de hacer los desplantes, ese concepto de escobilla, los remates, eso va y viene subiendo y bajando el camino del Sacromonte. Pero aún siendo efectiva en ese baile, que resulta lógico que sea su baile por razones obvias, hay otra bailaora casi escondida en Alba Heredia. Quizás más interesante que la bailaora que resulta evidente en la superficie, porque el terreno está actualmente escaso de la bailaora elegante y solemne, ese tipo de cosas que normalmente suelen asociarse a la escuela sevillana. Y existe esa Alba Heredia, la del elegante movimiento de manos, la que roza el aire con delicadeza, siendo incluso posible que ni ella misma haya explorado todavía mucho el terreno en el que podría cosechar sus mejores triunfos. Sí, ella es esa que es de Granada, y sabe hacer bien las cosas de su gente, porque se ha criado rodeada de eso. Pero ella da para mucho más de lo que está haciendo. Nunca nadie, quizás ni ella misma, ha visto todo eso que podría ser Alba Heredia. Ese lado del baile solemne y elegante para el que reúne todas las cualidades, que no es necesariamente mejor o peor que lo que ella hace actualmente, pero sí es una candidata muy válida para ser una gran estrella en un terreno que actualmente necesita más artistas de referencia.

Por Jaci González
Fotos Pacolega

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