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Arte y consumismo sentimental

Lunes, 26 de Abril de 2010

Hoy se vive rápido, atropelladamente, y más en ciudades grandes. Conocer a mucha gente pero que en el fondo, no se conoce a nadie, porque nadie tiene el suficiente tiempo para conocer al otro. Queremos tener de todo, en lo material: buena casa, buen coche, buen trabajo… y en lo personal: amigos, muchos amigos, cuanto más mejor, amantes, pareja… pero sin implicarnos en ninguno de ellos demasiado… Parece que los valores, las prioridades han cambiado, parece que lo superficial es lo que impera, “tanto tienes, tanto vales” se comercializa con todo, hasta con los sentimientos, y no hay hueco para la humanidad…pero en el fondo, a todos nos gusta tener al lado a otra persona en los momentos difíciles porque en los fáciles, obviamente, es más fácil estar en compañía. ¿Pero invertimos lo suficiente en cultivar nuestros valores para realmente conseguir aquello que nos hace felices? ¿o realmente ha cambiado aquello que nos hace felices? ¿Se actúa como se piensa o se termina pensando cómo se actúa…?

Se quieren obtener las cosas rápido y sin ningún esfuerzo o con el esfuerzo mínimo posible, pero conseguir ¿el qué? ¿Es posible que lo interesante en la vida, todo aquello que merece la pena, se consiga de esta forma? Y si lo interesante se consiguiera tan fácil, ¿realmente se valoraría? En todo este entorno de valores sociales, estamos los bailarines, personas dedicadas a una profesión cuyos principios no se adaptan para nada a esta forma de vida. Un bailarín que necesita, horas y horas, repeticiones, ensayos, pruebas, para conseguir la calidad en algún movimiento que le produzca satisfacción. Paciencia, perseverancia, fuerza de voluntad, en definitiva mucho tiempo invertido para… ¿conseguir calidad en un movimiento? Eso no es productivo, ni lucrativo, ni superficial, ni materialista… Claramente no es rentable, no es materialmente rentable, se necesita demasiado tiempo y ahora esto no está de moda, no en la sociedad actual, porque los objetivos que nos mueven no giran en torno a lo material, entonces ¿Cuál es el real motivo que nos mueve a ello? Quizás sea este el punto principal donde quería llegar:

El AMOR a la belleza que nos hace sentir bien, que nos sana el alma. Probablemente ese sea al menos, uno de los objetivos del arte. El cultivo de las emociones, la parte afectiva, los sentimientos… que se desarrollan a través del hemisferio derecho, que aportan las artes y que está tan olvidado en la educación general. Esta educación con la que supuestamente se desarrolla el individuo, y de la que sólo se ocupa del desarrollo del hemisferio izquierdo, de lo analítico, lo matemático… No cultiva el desarrollo de esta interhemisfericidad, de las conexiones neuronales: de lo emocional con lo analítico, que son tan necesarias en el desarrollo cognitivo. Probablemente en la sociedad, la educación a través del arte, podría ser una solución para hacer de ésta, una sociedad con otros valores y mucho más humanizada. Porque como diría Edwar Willems:


“Puede haber incompatibilidad entre la afectividad y el intelectualismo, pero no la hay entre la sensibilidad afectiva y la auténtica inteligencia, que es una experiencia profunda basada en las experiencias de la sensorialidad y de la afectividad”. (WILLEMS, EDGAR., El oído musical. La preparación auditiva del niño, Pág. 56)

Porque a nosotros, a la gente que nos mueve el arte, o al menos a mí, sí me importa el cultivo del alma, los afectos, la sensibilidad, las emociones, los sentimientos, la autenticidad, la capacidad de amar… porque eso es lo que me da la vida y me lleva a ser feliz. Y que el cultivo de esta “sensibilidad afectiva” como dice Willems me lleve a la “auténtica inteligencia”, para que me ayude a sobrevivir en esta sociedad de “consumismo sentimental”.